lunes, 28 de marzo de 2011

Casados con la inmoralidad


Marta Yolanda Díaz Duran

El ladrón (más adecuado en esta ocasión que el tradicional león) juzga por su condición.

A pesar de que es el divorcio presidencial el origen de la siguiente reflexión, la separación legal de Álvaro Colom y Sandra Torres no va a ser el tema central del presente artículo. Ya suficiente tinta ha corrido sobre este asunto que ya tomó un cariz internacional, después de las recientes entrevistas que los mencionados dieron a periodistas de la cadena CNN y Televisa.

Entrevistas en las cuales, por cierto, además de contradecirse y evadir responder a varias de las preguntas que les hicieron, confirmaron lo que Orlando Blanco afirmó sobre el quehacer de su oficio (visión que muchos de sus colegas comparten): que la moral “hay que apartarla” de la política.

Declaración que fue apoyada por la diputada Delia Back al aseverar que: “En Guatemala jamás ha interesado la moral”. Aunque, antes de continuar es importante aclarar algunas falacias contenidas en ambos juicios.

Primero, que la política como tal es un concepto y sólo existe en la realidad mental. Que, en todo caso, lo que nos interesa es la actuación de aquellos que se dedican a la política, y la pregunta clave es ¿son sus actos morales o inmorales?

La segunda falacia es la absurda generalización que hizo la cuestionada —precisamente por sus actos públicos como legisladora— Back. Por supuesto que en Guatemala a muchos nos interesa la moral y la ciencia que la estudia: la ética. Dice el parafraseo popular de un ancestral refrán que “el ladrón —más adecuado en esta ocasión que el tradicional león— juzga por su condición”, y pienso que ese fue el error principal tanto de Blanco como de Back. Creer que todos compartimos su escala de valores: que somos pares.

Al final, los personajes públicos citados con anterioridad, sus opiniones y acciones, son un ejemplo más, como los hay tantos en nuestra sociedad, de la raíz de la mayoría de conflictos que se viven en el mundo actual: la crisis conceptual. Hecho que ha favorecido a quienes ejercen el poder y su reducido círculo de familiares y amigos. Si acaso hiciera una encuesta sobre qué se entiende hoy por “moral” estoy segura de que me encontraría con cualquier cantidad de definiciones, tantas como el número de participantes del experimento.

Es probable que ni siquiera sepan el origen de tan importante concepto que tiene que ver con las acciones humanas. Y, aplicado al asunto discutido, implica que el político que no actúa moralmente, es un inmoral. La amoralidad no existe en el ámbito de la acción humana. Es sólo una patética excusa de aquellos cuya formación intelectual es superficial o su propia moral es tan frágil que, con el más leve viento, vuela a conveniencia de sus intereses o de los intereses de quien le manipule.

Ni Sandra Torres, ni la mayoría (por no decir casi todos) los que anhelan en la actualidad llegar al ejercicio del poder están casados con el pueblo. Su matrimonio indisoluble lo hicieron con la inmoralidad que creen les va a permitir hacer realidad sus más íntimos deseos.

Artículo publicado en el diario guatemalateco "Siglo XXI", el día lunes 28 de marzo 2011.

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