jueves, 21 de octubre de 2010

Agenda de libertad

Resaltamos sobre la importancia de la batalla de las ideas.

Federico Bauer Rodríguez

La semana pasada nos reunimos en Buenos Aires varios académicos y algunos políticos, con el fin de actualizar el documento América Latina: Una agenda de libertad.Este foro organizado por la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), presidida por José María Aznar, ex presidente del Gobierno español, tiene como objetivo luchar por la superación socioeconómica de América Latina, para lo cual ha elaborado un documento que sirve como guía para el diagnóstico de nuestros problemas: populismo, violencia y pobreza.

El documento nos presenta las respuestas más adecuadas, relacionadas con el uso de los recursos naturales, la educación, seguridad jurídica, estabilidad macroeconómica, reforma tributaria, apertura comercial, y otros temas relevantes, aplicables a los países latinoamericanos.También analiza la relación de la región con EE.UU., Europa, y especialmente con España.Al evento asistimos representantes de 12 países latinoamericanos, y el foro principal contó con la presencia del doctor Aznar, de Antonio Ledezma, alcalde de Caracas (a quien Hugo Chávez le robó el presupuesto y el despacho), de Mauricio Macri, alcalde de Buenos Aires, y de Óscar Moscariello, primer vicepresidente de la legislatura de esta ciudad.

Visitar Buenos Aires es como ir al Disney World de los descontentos, ya que esta bella ciudad está cubierta de grafitti y de pancartas de todos los gremios que quieren algún trato especial del Gobierno. Bastiat nos legó la cita que el Estado es la ficción por la cual todos quieren vivir a expensas de los demás, y aquí se cumple con certeza. Es una lástima que Argentina teniendo la cultura, educación y recursos naturales, no puedan ponerse de acuerdo en un proyecto de Estado que los lleve al primer mundo, como lo está haciendo Chile.

Por su lado, Chile, gracias a una constitución que fue respetada por los gobiernos de izquierda, durante los últimos 20 años, sigue siendo el paradigma de la región en los temas de crecimiento económico y reducción de la pobreza.Colombia, Perú, y parcialmente Brasil, han tenido avances importantes en los temas socioeconómicos, mientras que los países del Alba retroceden en dichos temas por culpa de la polarización que genera el populismo.Todos estuvimos de acuerdo en que Estado de derecho, economía de mercado, democracia, y respeto a las libertades individuales, son los principios que sustentan la civilización occidental.

El islamismo radical, el populismo revolucionario, y el nacionalismo excluyente, son los enemigos de la dignidad de las personas que quieren vivir en una sociedad abierta. También coincidimos en que el Occidente no es una región geográfica sino un sistema de valores universales.Resaltamos sobre la importancia de la batalla de las ideas, y en el compromiso que tenemos las universidades, think tanks, y fundaciones, de realizar la difusión de las mismas con la mayor eficacia. Por supuesto pasarle a la población el mensaje que para tener seguridad, educación, salud, y otros compensadores sociales, hay que producir los recursos primero, es tarea más difícil que vender un proyecto social basado en la manipulación monetaria y el endeudamiento.

En mi columna anterior traté de contrastar el caso de las naciones que producen primero y gastan después, con el caso de las naciones, con gobiernos irresponsables (generalmente de izquierda), acostumbrados a los malabarismos fiscales, que ahora están pagando las consecuencias.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "El Periodico", el día jueves 21 de octubre 2010.

La nueva “guerra”


Para “salir” de la crisis financiera, hace dos años se tomaron muchas decisiones con las que los políticos, tecnócratas y banqueros centrales de los países desarrollados decían hacer hasta lo imposible por promover la economía, fomentar el desarrollo y evitar que se llegara a una situación como la de la Gran Depresión de la década de los 30 del siglo pasado.

JORGE JACOBS A.

Lamentablemente, como bien lo dijimos algunos desde esa época, lo que estaban haciendo era sentar las bases para las siguientes crisis.

No se necesitaba tener muchos conocimientos de economía, por ejemplo, para saber que duplicar casi instantáneamente la masa monetaria alguna consecuencia tendría que tener. Por supuesto que los banqueros centrales dijeron que eso era lo que había que hacer en ese momento, y que cuando se saliera de la crisis se vería qué hacer con esa liquidez.
Pero las consecuencias de muchas de esas decisiones ya se empiezan a ver, y se verán todavía más cuando finalmente se reactive el crédito.

Lo irónico es que a pesar de que supuestamente lo que se quería era evitar una situación similar a la de esa época, resulta que de todos modos pareciera que vamos encaminados por el mismo sendero. En el último mes se ha incrementado el temor de una “guerra de divisas”, la que, de hecho, fue el tema principal de la reunión de los “señores de la pobreza” —la reunión anual de los directores del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial— hace unos días en Washington.

Y esta “guerra de las divisas” no es más que un resurgimiento del proteccionismo que supuestamente ya estaba superado, el mismo que también tuvo mucha responsabilidad en los sucesos de esa tristemente recordada década y hasta en la guerra que le sucedió.

Ahorita se manifiesta en la manipulación que algunos bancos centrales intentan hacer para mantener “subvaluada” su moneda y que los productos sean más competitivos que los de los productores de otros países. Pero ese es solo el primer paso; ya en algunas partes se escuchan nuevamente llamados a incrementar los aranceles para “proteger” las industrias de los países.
Por supuesto que, así como se podía prever que las decisiones que tomaron en los últimos años podrían tener consecuencias como estas, también se puede prever que si se sigue en esta línea, lo que conseguirán es estancar el crecimiento económico, pero, más importante, que se eleven las tensiones internacionales.

Definitivamente, Santayana tenía mucha razón cuando dijo que si no aprendemos de los errores del pasado, estamos condenados a repetirlos. De nada sirve que digan que no quisieran que se repita lo que sucedió hace 80 años, si las decisiones que toman nos encaminan precisamente por esa senda.

Afortunadamente, algunas cosas han cambiado en estos 80 años, especialmente el hecho de que las personas tienen más acceso a información, han vivido más de cerca la experiencia de tener acceso a mejores productos, a mejores precios, provenientes de casi cualquier parte del mundo, de tal suerte que es más difícil que los políticos puedan engañar actualmente a la gente.

Pero no hay que desestimar que también en muchas partes hay renovados brotes de nacionalismos extremos, los que también pueden ser utilizados por los manipuladores de siempre para encender los ánimos.

En fin, el futuro se presenta con muchos retos. Por si no fueran suficientes nuestros problemas internos, también se nos vienen estos externos.


Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 21 de ocubre 2010.

Generación revolucionaria


Hoy volvemos la vista hacia nuestros jóvenes llenos de promesa, protagonistas de una nueva dinámica social.

Carroll Ríos de Rodríguez

La Guatemala de los años cuarenta puso su esperanza en los jóvenes de entonces. Y aunque las masivas manifestaciones de 1944 constituyeron un detonante histórico, seguimos anhelando un despegue: paz, libertad, prosperidad y un clima propicio para el florecimiento humano. Hoy volvemos la vista hacia nuestros jóvenes llenos de promesa, evidentes protagonistas de una nueva dinámica social en el Siglo XXI. De lo que he podido observar, el manifiesto revolucionario de nuestra juventud podría encapsularse más o menos en las siguientes líneas.

Yo, joven del Siglo XXI, creo en mí mismo, en la capacidad creativa del hombre, en el progreso y el cambio. Soy artífice de mi propio futuro, libre para soñar y llevar a cabo mi proyecto personal de vida, con responsabilidad y entrega. Mi caminar en esta tierra no será linear, sino una flexible trenza que integre lo profesional, lo social y lo afectivo. Anticipo vivir una larga, sana y plena existencia durante la cual realizaré mis potencialidades en distintas áreas.

Represento la cultura de la vida. Cada ser humano tiene igual derecho que yo a soñar y desarrollar su particular vocación, desde su concepción hasta su último aliento. Su vida, como la mía, es un don precioso; la debo abordar como sagrada, y respetarla y protegerla.

Soy ciudadano del mundo. Hablamos hoy de una “familia humana” pues escasas fronteras políticas, sociales, lingüísticas o de edad impiden mi amistad y relación con otras personas, dondequiera que estén. Nos une más de lo que nos separa. Veo en cada prójimo un compañero de vuelo, un potencial socio comercial, y ante todo una fuente de estímulo, valiosa información y trabajo.

El mundo es mi aula; he trascendido las estructuras que caracterizaron la educación formal por siglos. Desarrollo destrezas y juicio crítico y moral, en vez de memorizar información, pues cualquier dato estará a mi disposición con sólo oprimir un botón. Aprendo a aprender con todos mis sentidos y para toda la vida. Pienso, cuestiono, exploro, pienso.

Soy un ser social, y soy móvil. Elijo la comunidad social y política en la que quiero vivir, buscando un entorno que satisfaga mis parámetros de “calidad de vida”. Quiero ser ciudadano involucrado y participativo en una floreciente sociedad; no quiero ser súbdito de un Filósofo Rey paternalista, por bienintencionado que éste sea.

Soy tolerante. La diversidad de cultura, idioma, tradiciones y religión es fuente de riqueza, y jamás debería alimentar la conflictividad. Como fiambre y sushi. Abrazo las ricas tradiciones de mis antepasados pero mantengo apertura hacia las extranjeras. No estoy anclado en el pasado y no comparto una angosta y xenofóbica concepción de identidad.

Soy optimista. Podemos solucionar los grandes desafíos de la humanidad. La innovación descentralizada resuelve a diario problemas de hambre y pobreza. Eventualmente derivaremos las barreras a la creatividad e inventiva humana que han erigido generaciones pasadas con sus rígidos y empobrecedores sistemas políticos y económicos.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día miércoles 20 de octubre 2010.

¿Y qué presupuesto queremos?


Un problema que puede destacarse es la inflexibilidad que tiene el presupuesto por las obligaciones constitucionales.

Verónica Spross de Rivera

El presupuesto de ingresos y egresos del Estado refleja en buena medida las funciones que como sociedad pretendemos que el Gobierno lleve a cabo. Esta herramienta de política pública indica cuáles son las prioridades a las que se desea orientar los recursos aportados por los ciudadanos. Los deseos y necesidades, al igual que sucede en la vida diaria, superan las posibilidades de financiamiento con que se cuenta. Por ello, es necesario priorizar adecuadamente el uso de los recursos.

El análisis del proyecto de presupuesto para el 2011 lleva a reflexionar nuevamente cuáles son esas prioridades que como guatemaltecos tenemos. La grave situación de inseguridad que se vive hace necesario revisar la asignación a los rubros relacionados con seguridad y justicia. La asignación al Ministerio de Gobernación, al Ministerio Público, al sistema penitenciario y al Organismo Judicial se convierten en la primera prioridad para el próximo año.

En segundo lugar se posicionan las necesidades relativas a la infraestructura, que ha resultado tan dañada por el copioso invierno que recién está concluyendo. El mantenimiento de puentes y carreteras es prioridad para fortalecer la capacidad comercial y productiva. Los puertos y aeropuertos también deben ser un punto focal de la inversión para el año venidero.

Para poder tomar las mejores decisiones, que corresponden en última instancia al Congreso de la República, se necesita un diagnóstico de donde se parte, las metas concretas que queremos alcanzar y el costeo de cuánto cuesta alcanzar las metas. Es en esto que debemos centrar la discusión nacional y legislativa de las próximas semanas.

¿Cuáles son realmente las prioridades que tenemos y queremos cubrir? Es necesario partir de la realidad de la escasez de recursos. Por más que querramos multiplicarlos hay un límite de posibilidad de recaudación fiscal y de capacidad de endeudamiento, del cual no podemos pasar. Esto debe estar muy claro, ya que si no acatamos el techo máximo tendremos problemas macroeconómicos graves que podrían poner en riesgo las condiciones para la inversión y la producción.

Un problema que puede destacarse es la inflexibilidad que tiene el presupuesto por las obligaciones constitucionales y disposiciones legales que obligan a transferir ciertos montos a entidades específicas sin necesariamente amarrar los aportes al cumplimiento de ciertos objetivos. Si queremos otorgar más recursos a educación y a salud, por ejemplo, quizás sea necesario contemplar recortes a ciertos programas o aportes que se realizan. Por ejemplo, podrían eliminarse subsidios como los que se otorga por la tarifa social, podría buscarse un sistema de pensiones que sea autofinanciable y no requiera aportes fiscales como sucede actualmente con el de Clases Pasivas Civiles del Estado, que consume una tajada importante de recursos fiscales.

En las próximas semanas, entonces, el debate debería llevarnos a tener un listado de prioridades con su respectivo costeo, y de allí hacer un corte hasta donde alcanzan los recursos. Por ejemplo, cuánto requiere un plan de seguridad integral efectivo, que no falten los recursos para el sistema educativo y de salud, infraestructura básica. Y, lo que no tenga espacio, tendrá que ser recortado, con el propósito de que el presupuesto sea realmente una herramienta de política pública útil y orientada a las prioridades.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día miércoles 20 de octubre 2010.

martes, 19 de octubre de 2010

Un par ¿de ejemplos?


Trascendentes noticias fueron la visita y declaraciones del ex presidente Uribe y el exitoso rescate de los mineros en Chile, tras meses de enérgico trabajo. Gobierno, columnistas de prensa, periodistas de diferentes medios y muchos otros destacaron ambos acontecimientos y, especialmente, los consejos y ejemplos del líder colombiano durante de su gestión.

PEDRO TRUJILLO

Los medios escritos incluso acentuaron la propuesta del presidente Colom al paisa para que fuera testigo de una posible reforma fiscal en el país. “Héroes” de referencia usados como símbolo por muchos sectores del país que alabaron esos comportamientos. Lo siguiente, sugerido por muchos, es aplicar las medidas que por allí resultaron exitosas, sobre todo las relacionadas con el tema fiscal y la violencia. Hacemos como en el “cole”, y algo que muchos no terminan de descartar como práctica deshonesta e inútil: el copy and paste.

Manifiestamente incapaces de generar alguna política pública exitosa, a pesar de los años transcurridos, querrán copiar lo que hacen esos países, sin darse cuenta de que ahí no radica el meollo. Contarán, eso sí, con algo para continuar confundiendo hasta que dentro de un año sean juzgados en las urnas y sacados de circulación por ostensible ineptitud. Deberían haber preguntado a ambos mandatarios de dónde sacaron fuerza y carácter para implementar todo eso que se les reconoce como exitoso —y que sustancialmente lo es—. Descubrirían, posiblemente, que debajo de la superficie de las políticas públicas hay, sobre todo, voluntad férrea de ejecutarlas, lo que implica una fuerza implementadora que es finalmente la que catapulta exitosamente la idea hasta el objetivo. Eso se llama, en buen francés, agallas, tesón, arrojo y es precisamente lo que aquí falta.

Traigan asesores, consulten a expertos internacionales, nacionales o extraterrestres, pongan a los “peludos y pelones” a rumiar e incluso zangoloteen por tiempo indefinido sobre “las medidas más convenientes y oportunas en función de la situación coyuntural, las reformas estructurales por hacer y la ingobernabilidad que todo ello genera”. ¡Da igual! Se requiere algo que no hay: valor, traducido en coraje necesario para poner las cosas en marcha y tomar decisiones firmes y mantenerlas a pesar de los obstáculos. Hemos visto con frecuencia cómo el gobernante dice algo de lo que se desdice al poco. La intervención del Renap fue una de tantas reculadas en su gestión. La indecisión, junto con la ausencia de objetivos y de ideas claras, son características destacadas de esta administración. Pero, no se puede pedir peras al olmo.

Piñeira movilizó Chile, hasta conseguir salvar a ciudadanos enterrados, y Uribe frenó e inició el fin de un grupo de narco-terroristas sicarios. Aquí somos incapaces de parar un solo día para evitar una veintena de asesinatos por jornada, más bien nos acribillan en nuestra propia casa o en centros comerciales. ¡Esa es la diferencia! Es preciso programar, en alguna granja de pollos, un curso intensivo sobre cómo hacer crecer los bemoles, de lo contrario no habrá fórmula que resulte exitosa. Atendemos la forma, pero obviamos el fondo desde donde se impulsan exitosamente los planes. El referente colombiano y el chileno, por cierto de centro-derecha que se les olvida a muchos de los criticones de ese sector del espectro político, resultan ser ahora dos de los mejores modelos de acción de gobierno en América Latina. Pregúntenle al gobierno de Chile cómo, además de salvar a sus mineros, ha salido de un terremoto destructor sin mendigar ayuda internacional ni dar apariencia de lastimero. ¡Aprendan a tener un par!, y no precisamente de países referentes.


Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 19 de octubre 2010.

La gran reconstrucción


Parece que las lluvias, finalmente, terminaron, y ahora toca reconstruir. La comunidad internacional y sus bancos están prestos a mostrar su solidaridad. “Nada más hace falta que los guatemaltecos aporten lo que les corresponde, para lo cual será necesario aumentar los impuestos” —aducen embajadores y economistas invitados.


JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO

Música para los oídos del gobierno, que aprovecha para anunciar otra “reforma tributaria integral”.

El reto más grande para la reconstrucción de Guatemala no es la existencia o inexistencia de fondos para llevarla a cabo, sino la capacidad o incapacidad de gestión para realizar los trabajos que se necesitan. Y, de preferencia, que los mismos sean de calidad razonable. Desde tiempos del Mitch, Stan y ahora Ágatha, junto con otras depresiones tropicales, los diferentes gobiernos han utilizado donaciones y fondos del presupuesto nacional para reconstruir lo dañado. En algunos casos, obras recién inauguradas son nuevamente destruidas por el siguiente fenómeno meteorológico. Tal fue el caso de varios puentes y carreteras perdidas en este año. La calidad del trabajo y diseño es importante, si no queremos caer en tener infraestructura “desechable” con cinco años de vida a precio de cien años.

Lamentablemente, el énfasis de las declaraciones en torno a la conferencia de reconstrucción que el Gobierno organizó fue únicamente del lado de la escasez de fondos. En particular, las representaciones de España y del Banco Mundial pusieron todo el énfasis en la carga tributaria de Guatemala y que lo importante, para ellos, es que se aumenten los impuestos. Es una pena, para ciudadanos españoles y guatemaltecos, que la diplomacia deje de lado aspectos crónicos en nuestra administración pública. La corrupción en esta y las anteriores administraciones no solo han provocado la pérdida de valiosos y escasos fondos públicos, sino que ha facilitado que algunas de las obras entregadas sean de tan mala calidad que es mejor demolerlas e iniciar el trabajo de nuevo.

Así que, como dice el refrán, “a Dios rogando y con el mazo dando”. Lo menos que deberían exigir los representantes de gobiernos extranjeros, de cara a sus propios tributarios, es que el dinero que ellos nos regalen sea usado de forma eficiente. Claro, sería poco diplomático señalar públicamente este secreto a voces. Pero sería más honesto, y los ciudadanos guatemaltecos veríamos con menor escepticismo su “solidaridad” que, por el momento, viene amarrada de un aumento de impuestos.

No es lo mismo que un país rico done a un país pobre y los fondos sean malgastados a que la poca riqueza que se produce en un país sea confiscada con impuestos y sea malgastada. Los países ricos se pueden dar el lujo de desperdiciar sus recursos. Los países pobres no.


Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 19 de octubre 2010.

No hubo revolución


Vivir de glorias que no fueron es seguir dando vueltas sobre el mismo eje, es condenarnos a otros 66 años de soledad.

Estuardo Zapeta

Siguen las tristes golondrinas viviendo de unos dudosos pasados que añoran e intentan edificar hoy con flecos de papel, pero que su memoria nubla con lo que pudo haber sido y no fue.

No hubo “revolución”.

Su sola mención es un engaño, es un ardid para mantenernos girando sobre el mismo eje, para hacernos creer que en Guatemala pueden cambiar las cosas.

Tampoco hubo “independencia”.

No me suscribo a cohetillos, a marimbitas pagadas por alguna vieja loca, a visiones que duermen el sueño del pasado, atrofiado, oscurecido, podrido.

Gente esa que maneja su vida –y el país—conducida por el retrovisor de sus proyectos fallidos, mientras la humanidad observa y toma velocidad viendo por el vidrio delantero, que para fines de avance civilizatorio es “3D”.

Masturbación cósmica esa la de querer engañarnos con una cosa que más pareció un otoño, el de un “patriarca”, y su “ley fuga,” que un levantamiento real. Ah, criollos estos, sin patria.

Todas las revoluciones significaron lucha, sudor y sangre. La de estos trópicos mortales no llegó ni a vil zafarrancho. No hubo revolución. Todavía la estoy esperando, para subirme a la nave del cambio.

Un dictadorzuelo ahuevado. Un teósofo importado. Unas élites fallidas. Unos cambios que hoy son los fracasos más sonados. Eso no es revolución.

Paisito, aldeíta tercermundista, con más desnutrición y menos esperanza, con más opresión y menos Libertad, con más muerte que vida, con más fantasmas que historia.

“Proceso”, dicen, sí pues, “proceso” será mi rabadilla morada, “proceso” será la huella de caite, “proceso,” al final, que no fue.

Y lo peor de todo es que hoy lo presentan con la réplica de un mural que por chafa debería arder en los infiernos de la hambruna del corredor seco, o entre los derrumbes del altiplano, o caerse entre los puentes que reconstruimos después de cada llovizna. Ni proceso, menos revolución.

Esas son excelsas pajas de universitarios mediocres que, de magníficos ejemplares descerebrados que imaginan que en 66 años el tal “zafa-rancho” del 44 era Nirvana y siete cielos más.

No hubo revolución. Qué va, ya quisiéramos que hubiese para terminar de una vez con todas con unos gobiernillos de estupidez compartida, de mercantilismo, de proteccionismo, de privilegios.

No. Eso de lo que hablan llama a náuseas y vómitos, como diría Asturias. Eso causa lástima indecible sobre aquellos ilusos que dicen hoy empuñar un clavelito rojo que mejor haría en llenar sus enormes vacíos mentales, con todo y pañoleta rojinegra.

Sólo cambiamos de amo. Estúpidos. Que no se dan cuenta.

Sólo nos movimos 180 grados sobre el mismo eje para agacharnos, como siempre, frente a diferente ídolo, pero ídolo con pies de barro al final. No dieron un paso hacia adelante. Sólo giraron 180 grados más para volver al mismísimo lugar. Pobres.

Y todo porque despreciamos la Libertad con vehemencia, y la hemos cambiado por una idiotez suprema que llaman “igualdad”, y se la creen. Sí pues.

El subdesarrollo es un estado mental, y vaya si no hasta nombre le hemos puesto en Guatemala: “revolución del 44.”

Vivir de glorias que no fueron es seguir dando vueltas sobre el mismo eje, es condenarnos a otros 66 años de soledad, a vivir de distorsiones mentales, porque esa que dicen es una revolución que no fue.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día martes 19 de octubre 2010.