martes, 4 de septiembre de 2012

El alacrán y el sapo

Estuardo Zapeta
“Elige bien tus batallas,” reza la sabia sentencia política; ah, y “elige bien a tus aliados... y a tus enemigos”, diría el sabio y rancio político. Y este es el mensaje para Otto. Los “aliados”, los que en política no existen, ya que en ese “arte” debe usarse la palabra “intereses”, son cada vez más los más extraños especímenes empezando por la más variopinta gama de “asesores” hasta “operadores” y “negociadores”. Por ejemplo, no sé quién lo convenció de salir a pelear por unas “reformas constitucionales” que cada vez logran menos apoyo, y cada vez más juntan a aquellos que de alguna manera estaban “neutros” —lo cual ya es mucho en política chapina— frente a su administración, pero Otto ha insistido, con enojo a veces, que las reformas van. Hay quienes dicen que Otto se convirtió en “vocero” de una extraña corriente política, una solapada “socialdemocracia light” que necesita, a la que le urgen, la que desfallece, y esas “reformas constitucionales” son su último aliento de vida. En este punto, Otto, te recuerdo aquella antigua historieta del alacrán y el sapo. El alacrán quería pasar de un lado del río al otro (léase los “socialistas” ejerciendo el poder quieren seguir en el control de la cosa pública), y para pasar su única opción era el sapo. Durante el diálogo (“negociación”) el venenoso alacrán le pide al sapo que lo pase al otro lado del río, ante lo cual el instintivo sapo le dice que no, que a mitad de río el alacrán de plano “lo picará” mortalmente (“picar” es un chapinismo). El maldito alacrán le reclama falsamente al sapo que cómo puede pensar eso, y el sapo le responde que “picar” está en la naturaleza de los alacranes y que no pueden renunciar a su naturaleza. El asqueroso y tramposo alacrán “socialista” le dice que ¿cómo se le ocurre eso al sapo? Y explica de manera convincente pero mentirosa que si eso hace “los dos se hundirían” y que eso no le conviene a ninguno de los dos. El sapo, ingenuo como él solo, cree esa mentira, la cual le parece una conclusión lógica, y decide llevar al sucio alacrán al otro lado con la promesa de que no será “picado”. A medio río iban cuando ¡zaz¡ el alacrán “pica”, al ingenuo sapo mortalmente y a éste apenas le da tiempo de decir en agonía: “Y deai, vos alacrán, qué pasó, no que no pues”; a lo cual el traicionero alacrán respondió: “Vos lo dijiste, está en mi naturaleza, y no lo pude evitar”. Los ingenuos sapos cuando mueren flotan, así que el mugroso alacrán llegó vivo, sano, salvo y tranquilo al otro lado del río, pero el sapo llegó en calidad de cadáver. Otto: la traición está en la naturaleza de ellos y ellas y te necesitan para llegar al otro lado del río. Las batallas a las que esos alacranes te meten son innecesarias, no son las tuyas, y te van a matar, digo “picar” políticamente. Que “flotés” no es suficiente para Guatemala. Demasiados alacranes decidiste llevar al otro lado del río. El pueblo sigue de este lado. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día martes 04 de septiembre 2012.

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