Herederos de Santo Tomás los creadores de la Teoría del Valor y de la Monetaria.
Federico Bauer Rodríguez
En mi anterior columna introduje el tema de la Teoría del Valor, incluyendo la preocupación por establecer el “precio justo”, y el tema de la Teoría Monetaria, previo a hacer un breve resumen de las Escuelas Económicas. Escuela Escolástica: durante los siglos XVI y XVII en España se desarrolla una escuela de pensamiento escolástico que toca temas económicos, aunque ese no sea su principal preocupación, ya que eran filósofos y teólogos. La Ciencia Económica era casi desconocida. A esta escuela se le conoce como Escuela Escolástica Tardía o Escuela de Salamanca, y sus integrantes desarrollaron temas relacionados con la Teoría del Valor (precios y salarios), y relacionados con la Teoría Monetaria (emisión del dinero y tasas de interés).
Eran herederos de Santo Tomás en relación al concepto del derecho natural, y defensores de los habitantes de las colonias, como lo habían sido Francisco Marroquín y Bartolomé de las Casas.
Entre los miembros más destacados de esta escuela se encuentran: San Bernardino de Siena, Juan de Mariana, Luis de Molina, Domingo de Soto, Francisco de Victoria y otros que menciono a continuación.
Francisco de Victoria publicó Relección de los Indios y defendió la causa de ellos con base en el derecho natural de inspiración tomista. Las Leyes de Indias de 1542 son responsabilidad principalmente de De las Casas y De Victoria.
Si nos vamos atrás en la historia hasta Aristóteles, y luego San Agustín (354-430), encontramos referencia al “precio justo” relacionado a la Teoría del Valor subjetivo, pero son los Escolásticos quienes desarrollan una teoría basada en el valor subjetivo que determina el precio de mercado. Eso sí, les faltó el concepto de marginalidad, el cual fue desarrollado en 1871 como veremos más adelante.
Para Santo Tomás de Aquino (1226-1274) el “precio justo” es el precio de mercado siempre que haya información veraz y no haya fraude o coacción.
Luis Saravia de la Calle (c. 1544) niega cualquier relación entre costos y precios al consumidor, afirmando que el “precio justo” es el valor de mercado determinado por los consumidores a través de la ley de la oferta y demanda.
Por su lado, Diego de Covarrubias (1512-1577) nos legó: “el valor de un artículo depende de la estimación de los hombres, aún si esa estimación es tonta”. Francisco García (c. 1659) relacionaba el precio con la escasez o abundancia de cada artículo, y dijo que aún cuando el pan es mejor que la carne para su consumo, esta es más cara por ser más escaza.
El dominico Martín de Azpilcueta Navarro (1493-1576) desarrolló una Teoría Monetaria, explicando el concepto de inflación cuando todavía no se conocía ese nombre. Azpilcueta se oponía a los controles de precios, ya que afirmaba que estos eran innecesarios en tiempos de abundancia e inefectivos en tiempos de escasez.
Domingo de Soto (1495-1560), en 1553 aplicó el concepto de oferta-demanda al análisis de las tasas de cambio entre monedas.
Tomás de Mercado en 1569 escribió el primer tratado de moral comercial en español, ya que anteriormente todo estaba en latín.
El jesuita portugués Luis de Molina (1535-1600) nos legó la explicación sobre lo que hoy conocemos como paridad del poder de compra de las distintas monedas, basada en la escasez de las mismas.
San Bernardino de Siena (1380-1444) fue el único teólogo que trató sobre el tema de la función económica del entrepreneur. Él demostró que el precio está determinado por la escasez (raritas), utilidad (virtuositas) y qué tan deseable es el artículo (compacibilitas), categorías subjetivas.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "El Periodico", el día jueves 09 de diciembre 2010.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Powershift
Creo que estamos viviendo un momento que marcará la historia del siglo XXI: el escándalo de WikiLeaks. Y la importancia de este suceso no estriba en la información específica que podamos conocer sobre las comunicaciones internas del Departamento de Estado de los Estados Unidos, sino en que las personas de todo el mundo empiezan a percatarse de que las vestiduras del rey, en efecto, no existen.
JORGE JACOBS A.
Y con “rey” no me refiero al Gobierno de Estados Unidos, me refiero a los políticos de todas las latitudes, colores e ideologías. En pocas palabras, los ciudadanos del mundo empezamos a recuperar por lo menos algo del control sobre nuestros “mandatarios”.
Y es que en los últimos cien años los políticos del mundo han logrado hacerse casi completamente del poder, relegando a la mayoría a condición casi de súbditos (y en algunas partes incluso de esclavos). El establishment político del mundo, escudado en el concepto del Estado benefactor, ha ido ampliando cada vez más el ámbito de su control y poder, muy bien resguardado bajo la impunidad que le brinda el actuar a espaldas de sus supuestos representados.
Pero las cosas parecieran empezar a cambiar. Y aquí es donde entra WikiLeaks. La publicación que han hecho de información “secreta” de algunos gobiernos —que no solo del de Estados Unidos— ha logrado quitar esa aura de impenetrabilidad que rodea al actuar confidencial de los políticos que antes solo algunos arriesgados periodistas investigativos se atrevían a indagar. El conocimiento de las actuaciones que los políticos preferirían que se mantuvieran en secreto tiene el efecto colateral, que ya mencionaba en mi artículo de la semana pasada, de borrar esa separación mental que mucho hacen entre los políticos y el Gobierno.
La guerra que le declararon los políticos a WikiLeaks y a Julian Assange no hace más que convertirlos en mártires y elevar todavía más su perfil. El alto perfil de la solicitud de extradición contra Assange solo para indagarlo sobre un par de demandas por haber tenido sexo sin condón con dos mujeres en Suecia, al grado de llegar a ser “el más buscado” por la Interpol, para cualquiera con dos dedos de frente es claro que las intenciones y las presiones son mucho mayores que simplemente el “acoso sexual”.
El que Amazon, EveryDNS, PayPal, Mastercard, Visa y hasta un banco suizo le hallan cortado las alas a WikiLeaks, sin contar los múltiples y repetidos ataques de “DDoS” —distributed denial of service, ataque cibernético contra sus servidores— también denotan las presiones que los políticos están haciendo. Y el nivel a que han llegado es síntoma de que ellos sí entienden todo lo que está en juego acá, que no es solo la información del Departamento de Estado, sino el poder de actuar impunemente fuera del escrutinio del “público” —o sea, de los ciudadanos a quienes dicen representar—.
La situación se pone más interesante cuando entran más jugadores al ruedo y un grupo de hackers se dedica a lo que llaman hackactivismo, y empiezan a su vez a atacar también con “DDoS” a las agencias y empresas que se han vuelto contra WikiLeaks. Lo que hace que ya algunos hablen sobre la primera guerra cibernética. No es tal, pero sí un aviso de que en el nuevo mundo del Internet no es tan fácil acallar a la oposición.
¿Se va a acabar la política como la conocemos actualmente? No. Pero se ha dado un paso hacia una mayor posibilidad de transparencia, que hará que más de algún político piense dos veces antes de abusar del poder. Y eso es bueno.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 09 de diciembre 2010.
JORGE JACOBS A.
Y con “rey” no me refiero al Gobierno de Estados Unidos, me refiero a los políticos de todas las latitudes, colores e ideologías. En pocas palabras, los ciudadanos del mundo empezamos a recuperar por lo menos algo del control sobre nuestros “mandatarios”.
Y es que en los últimos cien años los políticos del mundo han logrado hacerse casi completamente del poder, relegando a la mayoría a condición casi de súbditos (y en algunas partes incluso de esclavos). El establishment político del mundo, escudado en el concepto del Estado benefactor, ha ido ampliando cada vez más el ámbito de su control y poder, muy bien resguardado bajo la impunidad que le brinda el actuar a espaldas de sus supuestos representados.
Pero las cosas parecieran empezar a cambiar. Y aquí es donde entra WikiLeaks. La publicación que han hecho de información “secreta” de algunos gobiernos —que no solo del de Estados Unidos— ha logrado quitar esa aura de impenetrabilidad que rodea al actuar confidencial de los políticos que antes solo algunos arriesgados periodistas investigativos se atrevían a indagar. El conocimiento de las actuaciones que los políticos preferirían que se mantuvieran en secreto tiene el efecto colateral, que ya mencionaba en mi artículo de la semana pasada, de borrar esa separación mental que mucho hacen entre los políticos y el Gobierno.
La guerra que le declararon los políticos a WikiLeaks y a Julian Assange no hace más que convertirlos en mártires y elevar todavía más su perfil. El alto perfil de la solicitud de extradición contra Assange solo para indagarlo sobre un par de demandas por haber tenido sexo sin condón con dos mujeres en Suecia, al grado de llegar a ser “el más buscado” por la Interpol, para cualquiera con dos dedos de frente es claro que las intenciones y las presiones son mucho mayores que simplemente el “acoso sexual”.
El que Amazon, EveryDNS, PayPal, Mastercard, Visa y hasta un banco suizo le hallan cortado las alas a WikiLeaks, sin contar los múltiples y repetidos ataques de “DDoS” —distributed denial of service, ataque cibernético contra sus servidores— también denotan las presiones que los políticos están haciendo. Y el nivel a que han llegado es síntoma de que ellos sí entienden todo lo que está en juego acá, que no es solo la información del Departamento de Estado, sino el poder de actuar impunemente fuera del escrutinio del “público” —o sea, de los ciudadanos a quienes dicen representar—.
La situación se pone más interesante cuando entran más jugadores al ruedo y un grupo de hackers se dedica a lo que llaman hackactivismo, y empiezan a su vez a atacar también con “DDoS” a las agencias y empresas que se han vuelto contra WikiLeaks. Lo que hace que ya algunos hablen sobre la primera guerra cibernética. No es tal, pero sí un aviso de que en el nuevo mundo del Internet no es tan fácil acallar a la oposición.
¿Se va a acabar la política como la conocemos actualmente? No. Pero se ha dado un paso hacia una mayor posibilidad de transparencia, que hará que más de algún político piense dos veces antes de abusar del poder. Y eso es bueno.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 09 de diciembre 2010.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Impresiones del escándalo Wikileaks
Es el conjunto más grande de documentos confidenciales jamás lanzados al fuero público.
Carroll Ríos de Rodríguez
¿Son unos irresponsables o unos quijotes los colaboradores de WikiLeaks? El concepto mismo del sitio WikiLeaks se instala sobre el dilema del soplón, ya que el sitio no lucrativo se basa en el anonimato y la independencia de las fuentes para dar a conocer “injusticias censuradas o suprimidas”. Personas que adquirieron un compromiso de confidencialidad lo han violado, compartiendo información privilegiada con nosotros. Sería necesario saber por qué estas personas escogieron revelar secretos, previo a emitir un juicio ético sensato.
Wikileaks vio la luz en 2006 y ha sido galardonado con premios periodísticos, pero ahora es el centro de un alboroto global porque, desde finales de noviembre, han estado publicando 251,287 cables de embajadas de Estados Unidos. Es el conjunto más grande de documentos confidenciales jamás lanzados al fuero público. Hillary Clinton se defiende, diciendo que estos documentos no constituyen la política exterior del país. Dice estar “profundamente afligida” por lo que supone ser un “ataque a la comunidad internacional” y un “robo”.
Podemos sacar lecciones concretas de este escándalo. La primera de ellas, que no por obvia deja de ser relevante, es que los políticos y los diplomáticos son personas de carne y hueso, con defectos y virtudes, incapaces de despojarse de su yo. Se caen bien o mal y forman juicios subjetivos unos de otros. Por ejemplo, un diplomático estadounidense reportó a su gobierno que el ministro de Fomento de España, Pepe Blanco, no es de fiar porque no mira a los ojos. Otro tiene la impresión de que José Luis Rodríguez Zapatero es un político “hábil” pero sin experiencia, posiblemente maleable. El primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, sale mal parado al ser descrito como “irresponsable y vanidoso”, al igual que Gurbanguli Berdymukhamedov, presidente de Turkmenistán, quien además es “reservado, estricto, muy conservador, acostumbrado a mentir, un buen actor, vengativo…” El presidente Dmitry Medvédev de Rusia es descrito como el Robin de Batman Putin. Robert Mugabe, Hugo Chávez y Cristina Fernández son tildados de locos.
La segunda lección es que la elegante diplomacia es la superficie de una realpolitik a veces desagradable. Las negociaciones entre gobernantes no son imparciales ni transparentes. El “mejor interés general” de los pueblos representados, si es que es identificable, suele ser opacado por consideraciones personales, partidistas, estratégicas y geopolíticas.
La tercera y más grave lección es que algunos gobernantes abusan del poder, son corruptos o cometen errores. En abril, Wikileaks publicó el video Asesinato Colateral que muestra a militares estadounidenses en Iraq matando a 12 personas, aparentemente inocentes, desde helicópteros. Ayer supimos que el gobierno de Daniel Ortega se financia con dinero del narcotráfico y maletas de efectivo enviadas por Hugo Chávez. Estos casos sí indignan, y deberían acarrear consecuencias para los transgresores, quienes obran contra los verdaderos intereses de los gobernados y del Estado de Derecho.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día miércoles 08 de diciembre 2010.
Carroll Ríos de Rodríguez
¿Son unos irresponsables o unos quijotes los colaboradores de WikiLeaks? El concepto mismo del sitio WikiLeaks se instala sobre el dilema del soplón, ya que el sitio no lucrativo se basa en el anonimato y la independencia de las fuentes para dar a conocer “injusticias censuradas o suprimidas”. Personas que adquirieron un compromiso de confidencialidad lo han violado, compartiendo información privilegiada con nosotros. Sería necesario saber por qué estas personas escogieron revelar secretos, previo a emitir un juicio ético sensato.
Wikileaks vio la luz en 2006 y ha sido galardonado con premios periodísticos, pero ahora es el centro de un alboroto global porque, desde finales de noviembre, han estado publicando 251,287 cables de embajadas de Estados Unidos. Es el conjunto más grande de documentos confidenciales jamás lanzados al fuero público. Hillary Clinton se defiende, diciendo que estos documentos no constituyen la política exterior del país. Dice estar “profundamente afligida” por lo que supone ser un “ataque a la comunidad internacional” y un “robo”.
Podemos sacar lecciones concretas de este escándalo. La primera de ellas, que no por obvia deja de ser relevante, es que los políticos y los diplomáticos son personas de carne y hueso, con defectos y virtudes, incapaces de despojarse de su yo. Se caen bien o mal y forman juicios subjetivos unos de otros. Por ejemplo, un diplomático estadounidense reportó a su gobierno que el ministro de Fomento de España, Pepe Blanco, no es de fiar porque no mira a los ojos. Otro tiene la impresión de que José Luis Rodríguez Zapatero es un político “hábil” pero sin experiencia, posiblemente maleable. El primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, sale mal parado al ser descrito como “irresponsable y vanidoso”, al igual que Gurbanguli Berdymukhamedov, presidente de Turkmenistán, quien además es “reservado, estricto, muy conservador, acostumbrado a mentir, un buen actor, vengativo…” El presidente Dmitry Medvédev de Rusia es descrito como el Robin de Batman Putin. Robert Mugabe, Hugo Chávez y Cristina Fernández son tildados de locos.
La segunda lección es que la elegante diplomacia es la superficie de una realpolitik a veces desagradable. Las negociaciones entre gobernantes no son imparciales ni transparentes. El “mejor interés general” de los pueblos representados, si es que es identificable, suele ser opacado por consideraciones personales, partidistas, estratégicas y geopolíticas.
La tercera y más grave lección es que algunos gobernantes abusan del poder, son corruptos o cometen errores. En abril, Wikileaks publicó el video Asesinato Colateral que muestra a militares estadounidenses en Iraq matando a 12 personas, aparentemente inocentes, desde helicópteros. Ayer supimos que el gobierno de Daniel Ortega se financia con dinero del narcotráfico y maletas de efectivo enviadas por Hugo Chávez. Estos casos sí indignan, y deberían acarrear consecuencias para los transgresores, quienes obran contra los verdaderos intereses de los gobernados y del Estado de Derecho.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día miércoles 08 de diciembre 2010.
martes, 7 de diciembre de 2010
Fertilizantes
... por qué ponernos nosotros mismos más cargas y más regulaciones.
Estuardo Zapeta
Ya es la norma política: creerse más sabios, mejores, moralmente superiores, y hasta tecnológicamente más avanzados que el sentido común, y con base en esa fantasía, legislar hasta el cansancio, no sólo más allá del sentido común —parece entre legisladores el menos común de los sentidos— y reinventar no sólo el agua azucarada, sino pasarse de listos y poner nuevos parámetros a lo que no lo tiene, o no lo necesita, todo, con la finalidad de alguna protección o privilegio (de “privis” y “legis”, o sea “ley privada, con dedicatoria, pues).
En el Congreso circula una especie de “iniciativa” por la cual no sólo se quiere “redefinir” qué es, cómo es y para qué es un “fertilizante”, sino que también se pretende crear una normativa dirigida con mira telescópica para la protección de algún grupo, familia, y/o negocio, destruyendo un mercado muy activo, el de los fertilizantes, en un país agrícola, cuya posibilidad principal está en la apertura de mercado, no en el cierre de éste.
En este sentido, entrevisté las semana pasada a Malcolm Summer, en la quien previamente fue, en South Africa, y quien es considerado a nivel global uno de los expertos en suelos y fertilizantes, y quien había tenido reuniones en el Congreso para presentar el punto de vista científico.
De nuestra conversación radial saco dos o tres conclusiones, de las cuales quiero dejar constancia, y yo agrego una tercera, la cual va en la línea de una propuesta básica de Economía de Mercado, y en contra de protecciones y privilegios que destruirían nuestra debilitado sector agrícola.
Según Summer, el problema básico es que se está redefiniendo en Guatemala qué es un “fertilizante”, y sin entrar en los detalles técnicos, de aprobarse esa “nueva definición”, --los chapines siempre queriendo pasarse de listos, verdad-- seríamos los únicos que estaríamos a esa arbitraria y anti-científica definición, la cual sacaría a muchos agricultores, sobre todo agroexportadores, de la competencia global, y estaríamos fuera de los protocolos internacionales, siempre por “pasarnos de listos.”
Segunda conclusión básica es que no debe irse más allá de los principios globalmente aceptados de definiciones de “fertilizantes”, y si alguna función deberá jugar, digamos el Congreso o el Ejecutivo, será en velar porque se cumplan los contratos, principalmente para el “Consumidor”, y que si una bolsa de fertilizante dice que sus compuestos son A, B y C, que como parte de ese cumplimiento de “contrato”, el consumidor/agricultor no deberá ser estafado ni con menos ni con más. Para eso no se necesitan nuevas normativas, con las existentes sobra y basta.
Tercero, y final, yo agrego que más regulaciones sólo servirán para intervenir un mercado, que ya está suficientemente intervenido, y que en muchos casos hace difícil a los agricultores competir, ya que son eficientes, pero las barreras no arancelarias en otras latitudes hacen difícil el camino. Entonces ¿por qué? ponernos nosotros mismos más cargas y más regulaciones.
Compartiré siempre que reglas mínimas, claras, conocidas, abstractas, de aplicación universal, para competir sanamente hacen más bien a Guatemala que una normativa que busca privilegios y protecciones.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día martes 07 de diciembre 2010.
Estuardo Zapeta
Ya es la norma política: creerse más sabios, mejores, moralmente superiores, y hasta tecnológicamente más avanzados que el sentido común, y con base en esa fantasía, legislar hasta el cansancio, no sólo más allá del sentido común —parece entre legisladores el menos común de los sentidos— y reinventar no sólo el agua azucarada, sino pasarse de listos y poner nuevos parámetros a lo que no lo tiene, o no lo necesita, todo, con la finalidad de alguna protección o privilegio (de “privis” y “legis”, o sea “ley privada, con dedicatoria, pues).
En el Congreso circula una especie de “iniciativa” por la cual no sólo se quiere “redefinir” qué es, cómo es y para qué es un “fertilizante”, sino que también se pretende crear una normativa dirigida con mira telescópica para la protección de algún grupo, familia, y/o negocio, destruyendo un mercado muy activo, el de los fertilizantes, en un país agrícola, cuya posibilidad principal está en la apertura de mercado, no en el cierre de éste.
En este sentido, entrevisté las semana pasada a Malcolm Summer, en la quien previamente fue, en South Africa, y quien es considerado a nivel global uno de los expertos en suelos y fertilizantes, y quien había tenido reuniones en el Congreso para presentar el punto de vista científico.
De nuestra conversación radial saco dos o tres conclusiones, de las cuales quiero dejar constancia, y yo agrego una tercera, la cual va en la línea de una propuesta básica de Economía de Mercado, y en contra de protecciones y privilegios que destruirían nuestra debilitado sector agrícola.
Según Summer, el problema básico es que se está redefiniendo en Guatemala qué es un “fertilizante”, y sin entrar en los detalles técnicos, de aprobarse esa “nueva definición”, --los chapines siempre queriendo pasarse de listos, verdad-- seríamos los únicos que estaríamos a esa arbitraria y anti-científica definición, la cual sacaría a muchos agricultores, sobre todo agroexportadores, de la competencia global, y estaríamos fuera de los protocolos internacionales, siempre por “pasarnos de listos.”
Segunda conclusión básica es que no debe irse más allá de los principios globalmente aceptados de definiciones de “fertilizantes”, y si alguna función deberá jugar, digamos el Congreso o el Ejecutivo, será en velar porque se cumplan los contratos, principalmente para el “Consumidor”, y que si una bolsa de fertilizante dice que sus compuestos son A, B y C, que como parte de ese cumplimiento de “contrato”, el consumidor/agricultor no deberá ser estafado ni con menos ni con más. Para eso no se necesitan nuevas normativas, con las existentes sobra y basta.
Tercero, y final, yo agrego que más regulaciones sólo servirán para intervenir un mercado, que ya está suficientemente intervenido, y que en muchos casos hace difícil a los agricultores competir, ya que son eficientes, pero las barreras no arancelarias en otras latitudes hacen difícil el camino. Entonces ¿por qué? ponernos nosotros mismos más cargas y más regulaciones.
Compartiré siempre que reglas mínimas, claras, conocidas, abstractas, de aplicación universal, para competir sanamente hacen más bien a Guatemala que una normativa que busca privilegios y protecciones.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día martes 07 de diciembre 2010.
Top Secret
La revelación en la web de una enorme cantidad de documentos confidenciales, presumiblemente elaborados por la diplomacia norteamericana, ha dejado sin respiración a muchos, sorprendido a otros tantos y descubierto cómo son las cosas en la política. Los aprovechados de siempre, léase Chávez, Correa y el resto de jugadores sucios de póker latino, se han rasgado cual fariseos las vestiduras, sin darse cuenta de que lo ocurrido en el hermano país del norte sería imposible en los suyos “tan democráticos”.
PEDRO TRUJILLO
Los gringos, al menos, tienen un sistema que permite, aunque sea muy de vez en cuando, que estas cosas sucedan y, sin verlas naturalmente, no actúan tampoco, tan hipócritamente.
Quienes creían —o aparentaban— que el mundo se sustentaba sobre una alfombra de pacifismo e idealismo, sea por ingenuos o por ignorantes, acaban, cual niños de kínder, de descubrir que los regalos de Navidad no los trae quien siempre pensaron, sino míster Bush, el señor Obama o, en otros lugares, sus homólogos. Aterricemos: la política siempre fue realista pero cerramos los ojos ante semejante evidencia.
Me gustaría que algún cubano tuviera el valor y la oportunidad —sobre todo esto último— de revelar las masacres de Castro, los casos de asesinato en Angola o en otros lugares donde los servicios secretos o militares actuaron, o las malas mañas del otrora golpista venezolano, cómo financia regímenes de pacotilla o pretende remover gobiernos para hacerlos “más democráticos”; el delincuente Ortega, violador familiar y ahora manipulador del proceso electoral que se les avecina o de aquellas municipales fraudulentas que ya son historia. Saber cuántos asesinatos hubo en la Unión Soviética durante la Guerra Fría o la Revolución precedente, o qué piensa el dictador coreano. Todo eso, y mucho más, no se sabrá nunca porque ni siquiera existe, como sí ocurre en los Estados Unidos, la posibilidad de que alguien puede filtrar a la Prensa todas esas suciedades propias de políticos que les importa un bledo el bien común, ¡como a todos!, y solamente velan por sus particulares intereses. Me sorprende, eso sí, que todavía los gringos duden de la salud mental de una presidenta, algo que cualquier estudiante de siquiatría de primer año habría resuelto rápidamente, o del narcisismo del presidente francés, propio del chauvinismo galo. Varios debieron, al parecer, hacer los informes filtrados, porque la clavan perfectamente con el presidente italiano: juerguista, mujeriego y otros calificativos similares o aquella apreciación sobre el presidente Zapatero —el español— en la que detectan que es un problema para los USA, sin darse cuenta de que también lo es, y mucho más grave, para los españoles. Falta un poco más de concreción, trabajo y análisis en el Pentágono, en el departamento de Exterior y hasta en la Casa Blanca. Esos gringos siguen pecando de ingenuos, sin darse cuenta de que todos los que supuestamente analizaron, espiaron o estudiaron, son mucho peor de lo que ellos dejaron por escrito. Es la lacra política que maneja los países sin escrúpulos.
Por tanto, meditemos hasta dónde llevar este escándalo. Preferiría, a pesar de todo, vivir en un país en el que eso ocurre que en otro en el que es impensable que se sepa siquiera dónde llegan los fondos públicos, a quién pertenecen las facturas del famoso Viagra, quién manda por encima del presidente o cuáles son los pactos que hacen diputados a la sombra del presupuesto. ¡No seamos hipócritas!, somos mucho peores que ellos que, al menos, tienen las agallas de publicarlo, unos, y enfrentarlo, otros.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 07 de diciembre 2010.
PEDRO TRUJILLO
Los gringos, al menos, tienen un sistema que permite, aunque sea muy de vez en cuando, que estas cosas sucedan y, sin verlas naturalmente, no actúan tampoco, tan hipócritamente.
Quienes creían —o aparentaban— que el mundo se sustentaba sobre una alfombra de pacifismo e idealismo, sea por ingenuos o por ignorantes, acaban, cual niños de kínder, de descubrir que los regalos de Navidad no los trae quien siempre pensaron, sino míster Bush, el señor Obama o, en otros lugares, sus homólogos. Aterricemos: la política siempre fue realista pero cerramos los ojos ante semejante evidencia.
Me gustaría que algún cubano tuviera el valor y la oportunidad —sobre todo esto último— de revelar las masacres de Castro, los casos de asesinato en Angola o en otros lugares donde los servicios secretos o militares actuaron, o las malas mañas del otrora golpista venezolano, cómo financia regímenes de pacotilla o pretende remover gobiernos para hacerlos “más democráticos”; el delincuente Ortega, violador familiar y ahora manipulador del proceso electoral que se les avecina o de aquellas municipales fraudulentas que ya son historia. Saber cuántos asesinatos hubo en la Unión Soviética durante la Guerra Fría o la Revolución precedente, o qué piensa el dictador coreano. Todo eso, y mucho más, no se sabrá nunca porque ni siquiera existe, como sí ocurre en los Estados Unidos, la posibilidad de que alguien puede filtrar a la Prensa todas esas suciedades propias de políticos que les importa un bledo el bien común, ¡como a todos!, y solamente velan por sus particulares intereses. Me sorprende, eso sí, que todavía los gringos duden de la salud mental de una presidenta, algo que cualquier estudiante de siquiatría de primer año habría resuelto rápidamente, o del narcisismo del presidente francés, propio del chauvinismo galo. Varios debieron, al parecer, hacer los informes filtrados, porque la clavan perfectamente con el presidente italiano: juerguista, mujeriego y otros calificativos similares o aquella apreciación sobre el presidente Zapatero —el español— en la que detectan que es un problema para los USA, sin darse cuenta de que también lo es, y mucho más grave, para los españoles. Falta un poco más de concreción, trabajo y análisis en el Pentágono, en el departamento de Exterior y hasta en la Casa Blanca. Esos gringos siguen pecando de ingenuos, sin darse cuenta de que todos los que supuestamente analizaron, espiaron o estudiaron, son mucho peor de lo que ellos dejaron por escrito. Es la lacra política que maneja los países sin escrúpulos.
Por tanto, meditemos hasta dónde llevar este escándalo. Preferiría, a pesar de todo, vivir en un país en el que eso ocurre que en otro en el que es impensable que se sepa siquiera dónde llegan los fondos públicos, a quién pertenecen las facturas del famoso Viagra, quién manda por encima del presidente o cuáles son los pactos que hacen diputados a la sombra del presupuesto. ¡No seamos hipócritas!, somos mucho peores que ellos que, al menos, tienen las agallas de publicarlo, unos, y enfrentarlo, otros.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 07 de diciembre 2010.
¿Quemar al diablo?
Siempre me ha llamado la atención que se use fuego para combatir a aquel que vive entre llamas… Así como es difícil que un pez se ahogue, es difícil lograr un objetivo bueno siguiendo un camino equivocado. Nuestra cultura está llena de contradicciones que no nos conducirán por la senda del desarrollo.
JOSÉ RAÚL GONZALEZ MERLO
¿Quemar al diablo? ¿Qué tal crear la ley de extinción de dominio (LED) para combatir al crimen criminalizando el derecho a la propiedad? Después de todo, si el diablo se puede quemar, el Gobierno también puede violar el derecho a la presunción de inocencia, entre otros, para que sea más fácil meter a cualquiera a la cárcel —incluyendo a los criminales—. Otorgarles poderes absolutos a funcionarios públicos es un gravísimo error. El poder absoluto corrompe absolutamente. Si usted no cree que eso será, precisamente, lo que ocurrirá con la LED, vaya y “queme al diablo” esta tarde, creyendo que así purificará su casa.
Así como la gente “quemará al diablo” hoy, el presidente de la República pronto será llamado a definir cuál será el próximo salario mínimo. La creencia de que el diablo se consumirá en una hoguera es similar a la de que el salario también se puede aumentar por decreto. Los guatemaltecos que logren conservar sus empleos tendrán un mejor ingreso. Los que queden desempleados, por su baja productividad, literalmente se los llevará el diablo.
Esta tarde, cuando esté sacando la basura para “quemar al diablo”, recuerde que el Congreso aprobó un presupuesto de más de Q54 mil millones, dizque para combatir la pobreza y desarrollar al país. La probabilidad de que el diablo se haga cenizas es similar a la del cumplimiento de la promesa que todos los años nos hacen los políticos de turno: este año sí se usará correctamente lo recaudado en impuestos para beneficio de los más pobres.
Y finalmente, cuando la hoguera se haya consumido y tenga que barrer la ceniza, recuerde que eso mismo tendrá que hacer con el endeudamiento que el Congreso y el Ejecutivo le dejarán a usted y sus hijos. Como siempre, los ciudadanos serán los llamados a hacerle frente, a las irresponsabilidades de los gobernantes de turno. Unos gastan y gozan mientras que otros trabajan y pagan.
Hay tradiciones que no tienen mucho sentido continuar. La “quema del diablo” es una de ellas. “Purificar” los hogares contaminando el medio ambiente es una contradicción. Deberíamos hacer algo que sea menos dañino y peligroso. De la misma manera, deberíamos modificar nuestras expectativas de la gestión pública. El poder y discrecionalidad de los funcionarios deben estar limitados. La productividad laboral no se determina por decreto, y el presupuesto de gastos contribuirá al desarrollo cuando deje de ser un botín político. Medítelo mientras esté“quemando al diablo”.
Articulo publicado en el diario guatemalateco "Prensa Libre", el día martes 07 de diciembre 2010.
JOSÉ RAÚL GONZALEZ MERLO
¿Quemar al diablo? ¿Qué tal crear la ley de extinción de dominio (LED) para combatir al crimen criminalizando el derecho a la propiedad? Después de todo, si el diablo se puede quemar, el Gobierno también puede violar el derecho a la presunción de inocencia, entre otros, para que sea más fácil meter a cualquiera a la cárcel —incluyendo a los criminales—. Otorgarles poderes absolutos a funcionarios públicos es un gravísimo error. El poder absoluto corrompe absolutamente. Si usted no cree que eso será, precisamente, lo que ocurrirá con la LED, vaya y “queme al diablo” esta tarde, creyendo que así purificará su casa.
Así como la gente “quemará al diablo” hoy, el presidente de la República pronto será llamado a definir cuál será el próximo salario mínimo. La creencia de que el diablo se consumirá en una hoguera es similar a la de que el salario también se puede aumentar por decreto. Los guatemaltecos que logren conservar sus empleos tendrán un mejor ingreso. Los que queden desempleados, por su baja productividad, literalmente se los llevará el diablo.
Esta tarde, cuando esté sacando la basura para “quemar al diablo”, recuerde que el Congreso aprobó un presupuesto de más de Q54 mil millones, dizque para combatir la pobreza y desarrollar al país. La probabilidad de que el diablo se haga cenizas es similar a la del cumplimiento de la promesa que todos los años nos hacen los políticos de turno: este año sí se usará correctamente lo recaudado en impuestos para beneficio de los más pobres.
Y finalmente, cuando la hoguera se haya consumido y tenga que barrer la ceniza, recuerde que eso mismo tendrá que hacer con el endeudamiento que el Congreso y el Ejecutivo le dejarán a usted y sus hijos. Como siempre, los ciudadanos serán los llamados a hacerle frente, a las irresponsabilidades de los gobernantes de turno. Unos gastan y gozan mientras que otros trabajan y pagan.
Hay tradiciones que no tienen mucho sentido continuar. La “quema del diablo” es una de ellas. “Purificar” los hogares contaminando el medio ambiente es una contradicción. Deberíamos hacer algo que sea menos dañino y peligroso. De la misma manera, deberíamos modificar nuestras expectativas de la gestión pública. El poder y discrecionalidad de los funcionarios deben estar limitados. La productividad laboral no se determina por decreto, y el presupuesto de gastos contribuirá al desarrollo cuando deje de ser un botín político. Medítelo mientras esté“quemando al diablo”.
Articulo publicado en el diario guatemalateco "Prensa Libre", el día martes 07 de diciembre 2010.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Rápido Goteo
Un chorro de información y conocimiento que puede cambiar en ciento ochenta grados la forma en la que hemos interactuado.
Marta Yolanda Díaz-Durán
Vivo enamorada de ciertos períodos de la historia humana. Por ejemplo, admiro profundamente a los griegos, particularmente al estagirita Aristóteles: sin él, hoy no tendríamos, entre tantas cosas, las herramientas que nos brinda la lógica para pensar correctamente.
Me maravillan los renacentistas, en especial el genial Leonardo da Vinci, que se enfrentaron a los dogmas religiosos de la Edad Media y recuperaron la figura del ser humano para ubicarla en el lugar que le corresponde en el mundo. Aprendo de los ilustrados que nos invitan a usar la razón, facultad de la especie “hombre” que nos permite diferenciar lo falso de lo verdadero para tomar decisiones acertadas en el ámbito privado y en el público. ¡Y cómo no me van fascinar los románticos, si comparto con ellos la pasión por la vida y el individuo!
Sin embargo, no cambiaría por nada la época mía, de la cual poco sé sobre cómo será vista en el futuro. Una era de cambios cuyas consecuencias últimas aún no somos capaces de imaginar o pronosticar. Un ciclo que puede permitir el despertar del ciudadano de la ficción más reciente promovida por los poderosos, esa vida solucionada que prometía el Estado Benefactor/Mercantilista, que en el largo plazo sólo benefició a unos pocos: a aquellos que llegaron al ejercicio del poder y a sus asociados (familiares, amigos y empleados). Un instante de la historia que nos permitió a los soberanos enfrentar a los gobernantes utilizando los medios de información al alcance de todos cuya base es la Internet: los buscadores, las redes sociales, las bitácoras virtuales (los blogs)…
Un papel importante van a jugar los escándalos goteados por un grupo de periodistas agrupados en una organización cuyo nombre es Wikileaks. Escándalos que no sólo incluyen a los gobernantes de Estados Unidos, sino a burócratas estatales y mandatarios de muchas naciones. ¡Hasta a supuestos científicos del cambio climático! Denuncias de abusos de poder que deben ser corregidos limitando el ejercicio de este, sin importar el país del que se trate. Una lucha de toda persona libre que se valore a sí misma y conozca sus derechos y obligaciones. Una confirmación de lo que la mayoría sabemos: lo que priva en la política gubernamental es la hipocresía y la mentira.
La palabra hawaiana wiki significa rápido, lo que me lleva a considerar los datos públicos con los que contamos, más que un goteo, un chorro de información y conocimiento que puede cambiar en ciento ochenta grados la forma en la que hasta hoy hemos interactuado los seres civilizados. Aquellos que no se den cuenta del cambio y no se adapten a este quedarán enterrados en el pasado. Incluidos quienes se sienten, se creen todopoderosos y dueños del planeta y de todo aquel que lo habita. Bien dicen que dijo Thomas Jefferson: “El precio de la Libertad es una eterna vigilancia de la misma”. Y los libres de ahora estamos mejor armados para defenderla.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día lunes 06 de septiembre 2010.
Marta Yolanda Díaz-Durán
Vivo enamorada de ciertos períodos de la historia humana. Por ejemplo, admiro profundamente a los griegos, particularmente al estagirita Aristóteles: sin él, hoy no tendríamos, entre tantas cosas, las herramientas que nos brinda la lógica para pensar correctamente.
Me maravillan los renacentistas, en especial el genial Leonardo da Vinci, que se enfrentaron a los dogmas religiosos de la Edad Media y recuperaron la figura del ser humano para ubicarla en el lugar que le corresponde en el mundo. Aprendo de los ilustrados que nos invitan a usar la razón, facultad de la especie “hombre” que nos permite diferenciar lo falso de lo verdadero para tomar decisiones acertadas en el ámbito privado y en el público. ¡Y cómo no me van fascinar los románticos, si comparto con ellos la pasión por la vida y el individuo!
Sin embargo, no cambiaría por nada la época mía, de la cual poco sé sobre cómo será vista en el futuro. Una era de cambios cuyas consecuencias últimas aún no somos capaces de imaginar o pronosticar. Un ciclo que puede permitir el despertar del ciudadano de la ficción más reciente promovida por los poderosos, esa vida solucionada que prometía el Estado Benefactor/Mercantilista, que en el largo plazo sólo benefició a unos pocos: a aquellos que llegaron al ejercicio del poder y a sus asociados (familiares, amigos y empleados). Un instante de la historia que nos permitió a los soberanos enfrentar a los gobernantes utilizando los medios de información al alcance de todos cuya base es la Internet: los buscadores, las redes sociales, las bitácoras virtuales (los blogs)…
Un papel importante van a jugar los escándalos goteados por un grupo de periodistas agrupados en una organización cuyo nombre es Wikileaks. Escándalos que no sólo incluyen a los gobernantes de Estados Unidos, sino a burócratas estatales y mandatarios de muchas naciones. ¡Hasta a supuestos científicos del cambio climático! Denuncias de abusos de poder que deben ser corregidos limitando el ejercicio de este, sin importar el país del que se trate. Una lucha de toda persona libre que se valore a sí misma y conozca sus derechos y obligaciones. Una confirmación de lo que la mayoría sabemos: lo que priva en la política gubernamental es la hipocresía y la mentira.
La palabra hawaiana wiki significa rápido, lo que me lleva a considerar los datos públicos con los que contamos, más que un goteo, un chorro de información y conocimiento que puede cambiar en ciento ochenta grados la forma en la que hasta hoy hemos interactuado los seres civilizados. Aquellos que no se den cuenta del cambio y no se adapten a este quedarán enterrados en el pasado. Incluidos quienes se sienten, se creen todopoderosos y dueños del planeta y de todo aquel que lo habita. Bien dicen que dijo Thomas Jefferson: “El precio de la Libertad es una eterna vigilancia de la misma”. Y los libres de ahora estamos mejor armados para defenderla.
Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo XXI", el día lunes 06 de septiembre 2010.
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