martes, 7 de febrero de 2012

Más impuestos


POR JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO

El Ejecutivo envió al Congreso la propuesta de aumento de impuestos más alta de nuestra historia reciente. Los guatemaltecos se deben preparar para pagar unos Q4 mil 500 millones más al año. “El que tiene más deberá pagar más”, dijo el presidente… Se le olvidó matizarlo, agregando que serán los mismos de siempre los que seguirán pagando impuestos, solo que en una cantidad mayor. El Ministerio de Finanzas estima que la subida de tasas generará unos Q2 mil millones, pagados por los trabajadores que ya pagan Impuesto Sobre la Renta (ISR). Otros Q1 mil millones vendrán de aumentos al ISR de empresas y sus accionistas. Unos Q1 mil millones adicionales, de los propietarios de vehículos y Q500 millones se recaudarán de otros ciudadanos. Así se integran los Q4 mil 500 millones. Los empleados, accionistas y propietarios de vehículos acaban de recibir la factura más alta de nuestra historia, producto de las irresponsables aventuras keynesianas del gobierno anterior y de la falta de voluntad política del nuevo gobierno.

Lo que ellos no le dicen ni les interesa que usted sepa es que los ciudadanos han estado pagando cada vez más impuestos a un ritmo de crecimiento cada vez más alto. Recaudación que solamente es opacada por la velocidad en que los gobernantes la malgastan. Por ejemplo, el pago de ISR sobre personas creció 16% en el 2011, junto con el ISR pagado por las empresas, que creció 34%. Por si eso no fuera suficiente, los ciudadanos tributaron 11% más de impuesto de circulación de vehículos. Incluyendo el IVA, el crecimiento promedio de toda la recaudación del año pasado fue de 17%. Son tasas de crecimiento más altas que la inflación y la población, pero aun con esos números nos heredaron la deuda más alta de nuestra historia.

Ahora nos vienen con el cuento de que tenemos que escoger entre más impuestos o más deuda. ¡Pues ni uno ni otro! El Gobierno perfectamente podría llegar a un equilibrio fiscal si congela sus gastos, hasta que la recaudación incremental cierre el déficit. Pero así no les gusta ni tienen la voluntad política de hacerlo. Lo más fácil es seguirle encaramando la tasa de impuesto al que ya pagaba. Peor aún, suben el monto mínimo para el pago de impuestos, con lo que lejos de incrementar la base de contribuyentes, la reducen concentrando la carga tributaria en aún menos ciudadanos. Son estos ciudadanos quienes verán su tasa de ISR incrementada en un 40%, al pasar del 5% al 7%. Son los empleados, que el año pasado pagaron cerca de Q1 mil 500 millones de ISR, quienes ahora pagarán Q2 mil millones adicionales. Un incremento de 130%.

Junto con el aumento de impuestos se habla de mejorar la calidad de gasto. Cantos de sirena escuchados en todos los aumentos anteriores y que quedaron en promesas incumplidas. Yo ya les perdí la fe. Por ello insisto en que debemos rechazar cualquier aumento de impuestos que no venga precedido de mejoras significativas en la calidad y transparencia del gasto público. Hasta que ese momento llegue, los funcionarios carecen de la autoridad moral para pedir más impuestos de la población. ¡Haga algo!

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 07 de febrero 2012.

Impuestos y falacias


Estuardo Zapeta

Más impuestos, y digámoslo, es más dinero para el Gobierno, ¡obvio!; pero no mayor crecimiento económico.

Una mentira empieza a difundirse a modo de una “causa-efecto”. Y es que argumentar que “los impuestos” son equivalentes a “crecimiento económico” es como decir que el crecimiento de los hijos se debe a la lluvia.

Absurdo.

Más impuestos, y digámoslo, es más dinero para el Gobierno, ¡obvio!; pero no mayor crecimiento económico. De hecho, los “a-seso-res” del Ejecutivo, incluyendo una retahíla de carísimos tecnócratas, creen de corazón que aumentando los impuestos aumentará, como consecuencia, el Producto Interno, Bruto (PIB). Eso es falso.

Algunas aclaraciones son no sólo necesarias, sino obligadas para esta tan torcida lógica:

UNO: Los impuestos siempre son cargas que se trasladan a los consumidores, y por eso no se vale decir que serán “las empresas” las que absorberán el costo de los impuestos. Sí pues..., y Evita Perón era una virgen pura transfigurada y ascendida en las nubes hacia la gloria eterna.

DOS: Como cargas trasladables, más impuestos son un “resultado” de una economía creciente, de certeza jurídica, y de respeto a la Libertad de intercambiar sin coerción ni privilegios. (Eso se llama “mercado libre”)

TRES: Los impuestos, siempre, ¡siempre, siempre!, e insisto, siempre, los pagan los más pobres, quienes no tienen a quien trasladarlo. Hasta el argumento que los impuestos ayudarán a los “más pobres” es falso, y sólo algún borrachito, o algún retrasado mental, o algún enmarihuanado, podría siquiera suponer que los impuestos ayudarán a los “más pobres”.

CUATRO: Los caballos jalan la carreta . . . y no la carreta empuja a los caballos. Sería lo más ineficiente intentar siquiera que los caballos “empujen” la carreta.

CINCO: El crecimiento económico es siempre anterior al impuesto. Y suponer que debido a los impuestos estaremos “mejor” es una mentira populista, clientelista, engañabobos.

SEIS: El 20% de 100 siempre será menor que el 10% de 300. Lo que están proponiendo es ir del 20% al 30%, pero del 100, sin dar el salto de 100 a 300, y con tal propuesta hacen más difícil ir de 100 a 300. De hecho, nuestra experiencia en el año 2009, en el 2010, y por ahí anda el 2011, es que ese “100” se redujo, y aunque vayan de 10% al 30% por decreto del Congreso, siempre terminará siendo menor, o igual que el número aumentado, con lo cual la recaudación no aumentará, sino que en el mejor de los casos se mantendrá, y ya con eso decrecimos. ¿Qué parte del decrecimiento no entienden los tecnócratas?

SIETE: La economía es una Ciencia Social. Los tecnócratas pretenden que sea algo parecida a la física cuántica, por eso intentan confundirnos con sus gráficas y masturbaciones. Lo cierto es que para este año (2012) la economía de Guatemala no crecerá más allá del 3%, si mucho. Y eso significa que poner impuestos sería matar el poco aliento económico que nos queda.

Al final, la propuesta de aumento de impuestos es una insensatez que se pagará con más pobreza, desempleo, y menos inversión.

Matar a la “gallina de los huevos de oro” es hacer “quebrar” la granja.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día martes 07 de febrero 2012.

lunes, 6 de febrero de 2012

MY loves Gt


Marta Yolanda Díaz Duran

Yo quiero vivir en una Guatemala diferente, no sólo soñar con ella. Por eso, no falseo la realidad.

Emeye me dicen muchos de mis amigos, tanto en ámbitos virtuales como reales (¿acaso no es el mundo virtual también parte de la realidad?). El apodo surge de unir y leer, como si fuera mi nombre, las iniciales de este. Y “Gt” son las siglas por las cuales se identifica mí país y el suyo: Guatemala. Y digo “suyo” porque, independientemente de dónde haya nacido, si acaso está leyendo este artículo es porque le interesa conocer mi opinión sobre lo que sucede en mi terruño. Motivo por el cual imagino que también usted tiene su versión de mi nación. A lo mejor, al igual que yo lo he hecho, hasta la eligió para vivir su vida. Al menos hasta hoy, ya que por el momento no pienso tirar la toalla, hacer mi equipaje y emigrar a otro lugar. Lo cual tampoco descarto como una opción, una vez llegara a ser imposible vivir feliz en Guatemala.

La anterior es una decisión que afirmo día a día, a pesar de conocer las condiciones en las cuales vive la mayoría. Leer que encontraron congelados los cadáveres de 14 recién nacidos en el Hospital Regional de Cobán me hizo despreciar todavía más a quienes acabaron con la institución de la adopción en Guatemala. Por otro lado, enterarme de que atraparon al acusado del asesinato de Luisa Fernanda Fajardo López, me hace reforzar la esperanza de que las cosas pueden cambiar para bien.

Reconocimientos como el del Ministro de Trabajo de que la mayoría (en especial en el interior de nuestra guanabí República), no ganan el salario mínimo decretado por el Gobierno, me hace pensar que muchos se pueden dar cuenta ¡al fin! de que los ingresos no aumentan por orden del gobernante. Que si queremos mejorar nuestra calidad de vida, debemos retirar los obstáculos que nos impiden transformar los recursos en riqueza, comenzando por los impuestos directos. Aunque sé que en el corto plazo lo anterior es poco probable por la ambición y la falta de visión de los poderosos, y el sistema Benefactor/Mercantilista que impera en Guatemala y en gran parte del planeta.

Declaraciones como las de Luz Lainfiesta, nombrada Ministra de Desarrollo Social, y el presidente Otto Pérez (aunque insulsas por ser hechos conocidos por casi todos) de que han encontrado pruebas para sustentar las denuncias de corrupción en Cohesión Social, me llevan a creer que sí van a pagar sus crímenes algunos de los funcionarios del gobierno de Álvaro Colom. A pesar de la contradicción de Pérez al convertir los tales programas en un nuevo Ministerio.

En fin, mi Guatemala no es la misma suya: la diferencia la hacen mis recuerdos, mi escala de valores y mis metas. No me dejo engañar por la falsa Guatemala que nos venden los gobernantes y los tontos útiles que les sirven de comparsa. Yo quiero vivir en una Guatemala diferente, no sólo soñar con ella. Por eso, no falseo la realidad. Busco los medios para cambiarla. Yo reconozco la valía de los creadores y denuncio a los saqueadores que nos esclavizan. Yo amo a mi Guatemala.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día lunes 06 de febrero 2012.

viernes, 3 de febrero de 2012

De “La Bolsa” al “Canastón Pérez”


Karen Cancinos

Los recipiendarios de la ayuda gubernamental no son víctimas. Ni extraterrestres.

Ayer, Siglo.21 y otros diarios publicaron en primera plana los “hallazgos” de la administración actual sobre la Bolsa Solidaria (según el jocoso tendero, la tal Bolsa será sustituida por un “Canastón Pérez”). Que si era un mecanismo electorero, que si desviaba fondos públicos para proselitismo oficialista, que si corruptela, que si clientelismo. Pues todo eso noticia no es, pero me parece muy bien que abusos y delitos sean señalados, y que se obligue a responder por su comisión a quienes sea menester.

Muy convenientemente, Rafael Espada se ha desligado de los desmanes de la UNE y ahora dice que “Sandra Torres y la Presidencia manejaban esos programas”. Bueno, en parte dice verdad: él estuvo muy ocupado cuatro años jugando al capirucho y al simulador de aviones, enamorando a su joven nueva esposa y fingiendo demencia ante la compra de ropa interior femenina y otras cosillas con fondos de la vice presidencia, supuestamente a su cargo. Tiempo no tuvo, el pobre, para hacer lo que debía.

Pero dejemos a este hombrecito bien apertrechado en el refugio que encontró en el PARLACEN, ese antro, y volvamos a la Bolsa Solidaria y demás proyectos del mismo jaez, de los que se ocupará ahora el llamado Ministerio de Desarrollo. Digamos para comenzar que el desarrollo –si por tal entendemos crecimiento económico y por ende mejora en los indicadores de nivel de vida de los ciudadanos– no se puede planificar, dirigir o ejecutar desde una oficina gubernamental, pero si lo que tal Ministerio pretende es limpiar el estropicio descomunal dejado por la campaña de la ex mujer de Colom, aceptémoslo.

Ahora bien, me gustaría explorar un poco las ideas de las que partirán los encargados de ese trabajo sobre el tema de la pobreza. ¿Se tratará de aliviarla o de “combatirla”? Como sea que le llamen a su visión, sugiero que tengan presentes un par de cosas. En primer lugar, deben adquirir una visión correcta sobre las personas susceptibles de recibir ayuda. Porque los izquierdistas sin luces los ven como víctimas, y los derechistas sin luces, como extraterrestres. Y no son ni lo uno ni lo otro, sino personas, con toda la dignidad que eso conlleva. Pienso que en cualquier política pública debe subyacer siempre una concepción antropológica que honre la humanidad, no que la denigre.

En segundo lugar, los nuevos burócratas deben tener claro que los programas destinados a paliar la pobreza son necesarios e importantes, pero tienen su debido lugar en situaciones de emergencia, y esta es por definición temporal.

Las casas caídas se reconstruyen, las cosechas perdidas se vuelven a plantar, la actividad que ya no tiene cabida en la vorágine mundial se reemplaza por otra más productiva… Claro que mientras se erige un nuevo techo, o sana la tierra erosionada o inundada, o se halla un nuevo rumbo laboral, la ayuda solidaria de los demás es bienvenida y aceptada por gente digna y de buena fe. Y por ese mismo sentido de dignidad, tal gente no está dispuesta a vivir permanentemente a expensas de otros. Por eso hay que considerar siempre a los recipiendarios de la ayuda gubernamental –focalizada y temporal, se entiende– no como bocas que engullen sino como

Artículo publicado en el diario guatemalteco "siglo 21", el día viernes 03 de enero 2012.

Denuncias obligadas


Estuardo Zapeta

Aclaro que soy, y seguiré siendo, un acérrimo oponente a las políticas de “redistribución”...

Ha señalado correctamente el presidente Otto Pérez Molina que en el programa de Cohesión Social, el cual incluía desde la “bolsa solidaria” hasta las “remesas condicionadas”, hubo abusos, clientelismo y corrupción. Y frente a bultos, costales, cajas, y perchas de ¿expedientes? señala el Presiente que una característica a evaluar es el nivel de clientelismo ejercido en nombre del “desarrollo social”.

Aclaro que soy, y seguiré siendo, un acérrimo oponente a las políticas de “redistribución”, sea por medio de un “programa”, un “fondo”, o un “ministerio”, siendo este último el camino que Pérez / Baldetti han tomado para continuar con la estrategia, argumentan ellos, que disminuirá la pobreza.

Hoy, insisto, es importante conocer cómo la administración Torres-Colom implementaba semejante estrategia política disfrazada de política de “desarrollo social”, y por eso los datos que el Presidente aporte junto con las demandas son fundamentales.

Primero, porque sólo conociendo cómo, quién, cuánto, dónde, qué, por qué, y para qué, de la otrora “cohesión social” podemos evaluar el mismo programa que la administración Patriota ha decidido replicar con la variante de hacerlo a partir de un Ministerio de Desarrollo Social, aprobado en el Congreso de “urgencia nacional”.

También, el conocimiento de los balances, eso de “debe / haber”, aprenderemos de los “costos” tanto conocidos, como los “ocultos”.

Segundo, creo que la administración Pérez / Baldetti, presentando una o varias denuncias, tiene como paralelo un tema que los políticos, sean los pasados, sean los actuales, no quieren enfrentar: ¿son eficientes esos “programas sociales”? ¿”sacan”, como argumentan sus ponentes, a los pobres de la pobreza? ¿han hecho los políticos el “cálculo económico” de los programas sociales?

El tema de los “resultados”, de hecho, es evitado por los políticos porque hasta ellas y ellos saben que esos programas sociales no tienen impacto social, frecuentemente con efectos contrarios a los pretendidos.

Tercero, existe un aspecto sociocultural que los ponentes de estos programas, o no entienden, o no quieren entender, o se hacen “los locos”, y tiene que ver con un apoyo irresponsable tanto a la fertilidad como a la holgazanería.

La evidencia mostró, por ejemplo, que en los municipios en donde la administración Torres / Colom repartió dinero –de nuestros impuestos-- las tasas de nacimiento se elevaron de una manera sin precedentes, y la demografía fue extrañamente elevada. El punto aquí es que esos programas sociales se convierten en incentivos perversos y enviaron y exacerbaron un nivel de irresponsabilidad paterna. “Tener más hijos” se convirtió en esos municipios en sinónimo de “más dinero”. Tampoco los defensores de esas políticas han comprendido que el “machismo” junto con la religión “obligan”, o condicionan, a la mujer a procrear más hijos, quienes se convierten en “piezas” indispensables para obtener más dinero, comida, o servicios sociales por la cantidad de niños que tienen.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día viernes 03 de febrero 2012.

jueves, 2 de febrero de 2012

Minería e ideología anticapitalista


Ramón Parellada

Me sigue sorprendiendo lo apasionado que se ha vuelto el debate sobre la minería en Guatemala, sobretodo algunas posturas que incluso llegan a calificar a quienes defendemos la minería de “vendepatrias”. Ya había escrito antes sobre este tema pero comenzaré a hacerlo de nuevo porque a mi juicio hay demasiada desinformación y en algunos casos el debate no es por proteger el medio ambiente, es ideológico contra el capitalismo.

Al hablar de minería me referiré a todo tipo de minería, desde canteras hasta la explotación de metales preciosos. No he visto hasta ahora un argumento serio de parte de quienes critican las mineras. Curiosamente critican a aquellas mineras formales, que han cumplido a cabalidad con la ley y son respetuosos de la misma, que pagan sus impuestos, que tienen normativas internacionales de protección de medio ambiente y un plan de recuperación al final del ciclo de vida del proyecto, que adicionalmente a la explotación minera reforestan, tienen programas de ayuda humanitaria en las comunidades donde están y generan empleos directos con sueldos mayores a la mayoría de otros sectores en el país y también incentivan el desarrollo de empleos indirectos al requerir servicios de todo tipo. En fin, empresas que crean riqueza y ayudan en cierto grado a disminuir la pobreza del país.

Se habla de estas empresas que arriesgan el capital de sus accionistas como si Guatemala fuera la única opción. Me imagino que algunas de ellas habrán eliminado a Guatemala del mapa por tanto conflicto social que se ha generado a base de mentiras provocadas por grupos de interés cuya ideología es atacar al capitalismo. De hecho, hasta gobiernos como el de Suecia y el de Noruega han otorgado ayudas monetarias a grupos que crean conflictos graves, se aprovechan de la impunidad y luchan, entre otras cosas, contra la minería. El tema ya no sólo se ha vuelto ideológico sino también político y con injerencia de otros países que supuestamente son amigos de Guatemala.

El inversionista minero tiene que lidiar con dos tipos de riesgos, el político y el empresarial. El político es el mayor de ellos y quienes lo provocan no están respetando las reglas bajo las cuales vinieron a arriesgar su capital. Ciertamente, los inversionistas de las empresas mineras aportan su capital porque esperan ganancias.

¿Qué inversionista no lo hace? No seamos hipócritas ahora, cualquier personas que invierte su dinero en una actividad empresarial espera obtener al final de su proyecto una ganancia. Esta ganancia no está dada sino que es lo que queda luego de pagar toda la mano de obra utilizada, los servicios contratados, la maquinaria adquirida, los impuestos correspondientes y los intereses por el capital obtenido como préstamos. Como vemos, la ganancia es lo último que queda al accionista.

Entre los impuestos que pagan estas empresas están las regalías. Lo pagan adicionalmente a todos los demás impuestos que cualquier otra empresa pagaría.

En promedio, las regalías han bajado en todo el mundo a niveles que promedian un 2-3% de los ingresos (ventas) totales. Algunos países las bajaron aún más o las eliminaron para atraer inversiones en este sector. Considero que no se debieron incrementar las regalías ni siquiera voluntariamente. Las reglas del juego estaban dadas y no se deben cambiar durante el juego sino al inicio. Pero al final se llegó a un acuerdo voluntario contra el cual no me opongo.

Quienes se oponen a la minería nunca van a estar conformes porque que su oposición es ideológica cuya mentalidad es anticapitalista y empobrecedora.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día jueves 02 febrero 2012.

¿Engañados?


POR JORGE JACOBS A.

Durante varios días intenté comprender la lógica -si es que había alguna- detrás de los cambios propuestos al Impuesto Sobre la Renta (ISR), y debo confesar que no lo logré. Por más que lo intento no entiendo por qué ahora quieren incentivar que la gente y las empresas se regresen al problemático régimen optativo en lugar de pasarse al régimen general. ¿Será que hay gato encerrado? Debo empezar reafirmando la postura que he sostenido durante ya muchos años en contra del ISR. No cabe aquí la explicación pero los remito a un excelente artículo que Manuel Ayau publicó aquí mismo en Prensa Libre hace algún tiempo.

Dicho esto, reconozco que si va a existir un ISR, el régimen general actual es muchísimo mejor que el optativo. No solo es más fácil de pagar sino también de fiscalizar y ni la iniciativa privada ni el Gobierno desperdician valiosos y escasos recursos jugando al gato y al ratón para tratar de establecer cuáles son los costos y las utilidades “reales” de una empresa.

Por si esas ventajas no fueran suficientes, está la que para mí es la más importante: la privacidad. Los funcionarios de la SAT no debieran tener que estar metiendo las narices en cómo se utilizan los fondos de las empresas, pero el régimen optativo los obliga a hacerlo para determinar cuál es, según ellos, la verdadera utilidad de la empresa. En el régimen general, no tienen esa necesidad, lo único que debe preocuparles es que se facture todo lo que vende la empresa —y ahora, con la Ley Anti-inversión II, tienen más formas de hacerlo—.

Por esas razones creo que va en el mejor interés de todos, tributarios y gobernantes, fomentar el que más personas y empresas se adhieran al régimen general. Y por eso es que no entiendo las reformas.

Actualmente, con la tasa del 31% del ISR optativo y del 5% del general, el punto donde convergen ambos sistemas es en el 16.1% de utilidades. Si le descontamos un 25% para tomar en consideración los problemas y costos adicionales que se evita uno al estar en el régimen general, este punto baja al 12.1% de utilidades. Eso significa que si mi empresa tiene utilidades arriba del 12.1%, voy a pagar menos ISR en el régimen general. Para poner esto en perspectiva, históricamente en Estados Unidos las empresas han tenido un promedio del 6% de utilidad. Es decir, esa tasa todavía está alta, pero se puede considerar para evitar todos los problemas y discrecionalidad del otro régimen.

Ahora bien, con los cambios que pretenden subir la tasa del régimen general un 40% (al 7%) y bajar al 25% el optativo, esta cifra donde convergen los regímenes brinca hasta el 28%, y si le bajamos el 25% que mencioné antes queda en 21%, es decir casi el doble que en la actualidad. En pocas palabras, nadie en su sano juicio optaría por el régimen general, a no ser que tenga utilidades extraordinarias. O lo que es lo mismo, los incentivos están puestos para que todos nos pasemos al régimen optativo. ¿Por qué? No lo entiendo. A menos que sea cierto lo que dicen las “malas lenguas”, que es por puro prurito ideológico de algunos funcionarios para quienes el régimen general no es un “verdadero impuesto sobre la renta” y el otro sí.

¿Alguien le habrá explicado esto al presidente, o lo tienen engañado?

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 02 de febrero 2012.