martes, 13 de septiembre de 2011

Apuntes para “segunda vuelta”


Estuardo Zapeta

Ambos tienen ventajas competitivas y comparativas, y aprovechar eso deberá ser su principal tarea.

Ahora que ya sabemos que la batalla en la “segunda vuelta” de la “democracia” será entre los candidatos Pérez, del Patriota, y Baldizón, de Líder, es importante hacer algunos apuntes desde la observación de los contextos y los escenarios posibles del “rialpolitik”.

Ambos tienen ventajas competitivas y comparativas, y aprovechar eso deberá ser su principal tarea. Léase, echarse “penca” no es la mejor estrategia para ninguno, porque el “ataque” en política sólo eleva al atacado.

De hecho, ambos tienen la capacidad de hacer alianzas, y en ese trabajo el candidato Pérez tiene ventaja en el campo de “los alcaldes”, debido a la cantidad de triunfos a nivel nacional, pero el candidato Baldizón ha probado que puede hacer alianzas con los grupos más vulnerables de la sociedad, y que puede llegar con un mensaje populista a “las masas”.

Los dos deberán recordar que en política toda “fortaleza” puede convertirse en “debilidad”, y si bien Pérez tiene a los “alcaldes”, y podría con eso tener una ventaja local, también es cierto que precisamente ese hecho “sube el precio del alcalde”. Por su parte, Baldizón puede comunicar eficientemente un discurso con promesas exageradas, y la gente le cree –habilidad política rara de encontrar—pero esa misma capacidad puede jugar contra él si sube demasiado las promesas al nivel de “increíbles”, estilo Santa Clós.

Otra observación para ambos nace a partir del hecho de tener mujeres como Vicepresidentas; Pérez deberá repensar si su candidata vicepresidencial deberá o no tomar más fuerza, hasta opacarlo, y que los votantes puedan sentir pasos de “Sandra” grande, y por su lado, el candidato Baldizón deberá evaluar si debe “mostrar” a su candidata vicepresidencial, quien podría asociarlo –en la mente del votante—con el mal recordado “Nicho Cerezo”. De hecho, la pregunta sería ahí si no él es un títere del ex presidente.

Ambos deberán evitar el debate público, ya que ninguno es apto o bueno para ese arte. O si lo hacen deberán en pocos días sobreponerse a sus incapacidades para analizar y refutar argumentos. Haber tenido “mando” no hace a Pérez necesariamente bueno para comunicar ideas básicas, y tener muchos “títulos” tampoco hace articulado a Baldizón.

Los candidatos deberán desde ya mostrar su capacidad para formar equipos, y en esa área Pérez tiene una leve ventaja sobre Baldizón. Eso, que muestren a sus equipos, serán una demanda del votante pensante. Pero tener menos compromisos y mesa “limpia” puede ser una ventaja para el presidenciable de Líder.

El factor “Sandra” será fundamental en la “segunda vuelta”, y ni Pérez ni Baldizón querrán ser vistos como socios de la susodicha. Cuidado a ambos, porque una cosa es lo que quieran, otra lo que ella haga. El olfato político me indica que “ella” buscaría la destrucción de Pérez por medio de una asociación pública o solapada con Baldizón, pero ella sabe que “pedir el voto para Pérez” cumple mejor esa misión.

Insisto en mi deleite de estos tribales juegos que la gente juega.

¿Y no habrá pensado ya alguien en un “compromiso” entre ambos presidenciables? Mmmmm, pregunto pues.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo21", el día martes 13 de septiembre 2011.

jueves, 8 de septiembre de 2011

“Simplificación fiscal para crecer”


Ramón Parellada

A tres días de las elecciones para presidente, diputados y alcaldes, siento un alivio porque todo este proceso termine ya. Las recientes encuestas confirman que el ganador será Otto Pérez Molina y por buen margen sobre los demás candidatos. A pesar del amplio margen que tiene el candidato del PP sobre sus demás adversarios políticos, no parece que gane en la primer vuelta y tendremos más campaña para escoger finalmente al ganador en una segunda vuelta.

Ya deseo que se acabe esta campaña. Ha sido desgastante. Infinidad de promesas que no se van a cumplir. Sin embargo, lo que hace que Otto Pérez Molina vaya a la cabeza es la percepción que tienen los ciudadanos de que podrá resolver el problema de inseguridad y falta de justicia en el país. No voy a comentar sobre este tema aquí en esta ocasión, sino sobre el tema fiscal, porque lo considero fundamental como un motor o un freno para el progreso económico que una vez resuelto el tema de inseguridad y falta de justicia resalta en todas las encuestas de opinión de Guatemala sobre los problemas que más agobian a los ciudadanos.

El PP ha indicado que piensa incrementar la carga fiscal al 14% del PIB (Producto Interno Bruto). El presupuesto que el actual gobierno ha presentado para 2012 contiene un gasto de casi 60 millardos de quetzales. Si el PIB de Guatemala para 2012 se estimara en 370 millardos estaríamos hablando de gasto fiscal del 16% del PIB. La realidad es que en 2011 se recaudarán alrededor de 42 millardos, lo que da una carga fiscal del 11.7% del PIB. Si esperamos ingresos tributarios para el 2012 del orden de unos 44 millardos y un 3% del crecimiento económico (la situación mundial puede afectar a que el crecimiento económico del país sea menor) entonces la carga fiscal se incrementaría al 11.9%.

Hablar de una carga fiscal del 14% suena irreal. Más bien, frenaría la economía y los ingresos fiscales caerían. En Guatemala tenemos más economía informal que formal. Se habla que en el mercado laboral existe un 70% o un poco más de informalidad. Esto da una idea del potencial que existe de recaudación de fondos si en vez de tratar de incrementar tasas impositivas o meter nuevos impuestos, sólo se simplificara el sistema actual para que fuera fácil pagar.

Los impuestos, en especial el Impuesto sobre la Renta, es un freno al crecimiento y es un destructor de empleos productivos. Si se eliminara se podría dar un brinco en cuanto al crecimiento económico a niveles del 8% ó 10% anual, con lo que se estaría generando verdadera riqueza para el país.

Desde 1980 hemos tenido propuestas fiscales que han implicado nuevos tributos, incremento a tasas y más complicaciones en cuanto a control. El sistema se ha complicado tanto que una empresa necesita personal experto para evitar descapitalizarse y no despistarse pagando a tiempo sus impuestos.

¿Por qué nadie ha tenido una propuesta concreta de simplificar el sistema tributario? ¿Por qué hay tanto miedo a eliminar el ISR sabiendo de antemano que lo pagan muy pocos, que es difícil de controlar y que es empobrecedor al frenar directamente la tasa de capitalización del país y reducir el ritmo de generación de nuevos empleos?

El próximo gobierno, que me atrevo a decir que será el del PP, tiene una gran oportunidad aquí. Si queremos seguir igual tendremos las mismas soluciones de siempre que pasan por un pacto fiscal, un consenso en el que nadie termina contento, y un crecimiento económico mediocre. No creo que se necesite ningún consenso para bajar tasas y eliminar impuestos, así como tampoco para simplificar el sistema a modo que los informales puedan volverse formales. Todos ganaríamos.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día jueves 08 de septiembre 2011.

La hora de la verdad


JORGE JACOBS A

Llegó la hora de la verdad. La hora en que todos tenemos la oportunidad de escoger a nuestros “mandatarios” —léase bien; eso significa mandaderos, quienes ejecutan las órdenes, no quienes las dan; estos, por lo menos en teoría, somos los ciudadanos—. Para muchos es un momento de esperanza, de cambio, de mejoras; pero para otros es más de lo mismo: solo cambiar de ladrones, y para otro gran grupo, es una pérdida de tiempo y de recursos, o le es simplemente indiferente. Yo sí creo que las elecciones son importantes, por diversas razones.


La razón más importante es que creo que esta elección permitirá que empiece un cambio en el Congreso. Si bien es cierto, el 80 por ciento de los actuales diputados busca la reelección; no creo que todos lo logren. Y entre los nuevos que lleguen, tengo la esperanza —espero que no ingenua— de que se abra la puerta para comenzar un cambio en el sistema. Lo que realmente necesitamos es una transición hacia una verdadera República, en la cual los mandatarios estén sujetos a la ley y que ni ellos ni la “mayoría” pueda pasar por encima de los derechos individuales de cualquier habitante. Este cambio es necesario para no estar como estamos en estas elecciones, esperando que llegue alguien “no tan malo” o “el menos peor”, ya que de ello dependerán muchas de las decisiones que tomaremos nosotros y, en especial, las que tomarán los inversionistas.

Otro nuevo aspecto que cabe resaltar en estas elecciones es la participación ciudadana por medio de las redes sociales, en particular Facebook y Twitter. Estas elecciones serán las más observadas, y no lo digo por el ejército de observadores nacionales e internacionales, ni por la cobertura de la Prensa, sino por toda la información que estará generando la ciudadanía misma a través de las redes sociales. Esta nueva forma de participación ciudadana, la cual ya rindió sus frutos en la anulación de la inscripción de Sandra Torres, permitirá que los hechos aislados y que antes se conocían pasado mucho tiempo, si es que se llegaban a saber, ahora se conozcan casi en tiempo real, lo cual de alguna manera frenaría el mal accionar de aquellos que quieran entorpecer el proceso electoral.

Este es un perfecto ejemplo de cómo la tecnología ha liberado a las personas y les ha abierto horizontes antes insospechados. Yo estoy convencido de que este es un gran paso, ya que no solo masifica el consumo, sino también la generación de información. Por supuesto, eso presenta otro problema y ahora se hace más importante aún la capacidad de analizar y sintetizar ese océano de información.

Así que este próximo domingo viva la fiesta ciudadana, participe, vote según los dictámenes de su razón y recuerde que lo mejor que podría hacer con su voto es cruzarlo. Sea parte del cambio, utilice las redes sociales para informar lo que sucede a su alrededor. Y si quiere conocer un buen análisis y síntesis de lo que suceda, escúchenos el domingo desde las 6 horas.

Artículo publicado en el diairo guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 08 de septiembre 2011.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Lo que la elección nos dejó


Carroll Ríos de Rodríguez

El proceso nos encaró con realidades que deberíamos someter a una discusión pública.

El domingo iremos a las urnas, preocupados por rellenar “correctamente” las cinco papeletas. Al mismo tiempo, añoramos un retorno a la normalidad y vistas libres de publicidad partidista. El proceso ha sido intenso y atropellado. A lo largo de estos meses, vivimos incertidumbre, al punto que tambaleó nuestra fe en instituciones como el Tribunal Supremo Electoral, la Corte de Constitucionalidad y ese amorfo ser que llamamos el “sistema democrático”.

El proceso nos encaró con realidades que deberíamos someter a una discusión pública, de la cual idealmente surgirían reformas.

1. La competencia política atrae a personas de calibre moral e intereses diversos. Tendríamos que pensar, no tanto en formas de mejorar la calidad ética de las personas que incursionan en el terreno político, sino en mecanismos que impidan el uso del poder para violar los derechos inalienables de todos o unos ciudadanos. No será nunca una protección suficiente el convencer a personas de bien a participar como candidatos o votantes. Candados para evitar los abusos, castigos prontos y otras medidas similares merecen seria atención. ¿Por qué no han funcionado los candados vigentes? Si es cierto que hecha la regla, hecha la trampa, ¿cómo minimizamos los costos que derivan de la trampa?

2. La competencia política es competencia, valga la redundancia. Los grupos se disputan agresivamente nuestro voto. Las leyes que restringen los gastos en publicidad o fijan un plazo máximo para la campaña serán ignoradas o evadidas mientras el costo de hacerlo sea menor que los beneficios. Se erosiona innecesariamente la credibilidad de las autoridades cuando sus esfuerzos por hacer valer la regulación son inútiles.

3. Nuestros partidos son maquinarias electoreras poco ideológicas, y nuestro sistema genera un cementerio de partidos difuntos. Otros sistemas democráticos “internalizan” las pugnas políticas en partidos grandes, que suelen ser más longevos y estables. ¿Es esto preferible? ¿Cuál es la relación entre la calidad de la gobernanza y el tamaño y trayectoria de los partidos políticos? Nuevamente, serán las reglas del juego las que produzcan unos u otros resultados.

4. Los procesos electorales nos inducen a pensar que los problemas sociales son dominio de los políticos. Requiere realismo darnos cuenta de que el aparato político no es omnicompetente y omnisciente, que incluso es sano resguardar del vaivén político ciertas decisiones sociales. La autogestión y la descentralización mejoran la calidad y celeridad de las decisiones.

5. Innegablemente, dar cumplimiento a las normas constitucionales y otras regulaciones de difícil interpretación fortaleció al TSE y a la CC, pero dichas normas son perfectibles. ¿Llegó el tiempo de revisar los criterios para optar a la presidencia, los límites a la reelección, la posibilidad de revocar el mandato y la forma de elegir a candidatos a diputado? Debemos tener en cuenta los costos y beneficios que implican las reformas, de cara a una pacífica, periódica y legítima alternancia en el ejercicio del poder.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día miércoles 07 de septiembre 2011.

Escuelas cerradas


Verónica Spross de Rivera.

A pocos días de las elecciones nos encontramos inmersos en un ambiente repleto de campañas de los distintos candidatos a presidente, alcalde y diputados. Los temas que preocupan a la ciudadanía se han centrado en las inscripciones de los candidatos, en los foros y debates, así como en la organización de los comicios que tendrán lugar este próximo domingo. Poca atención se ha prestado al cese de clases en muchas escuelas del país, y a las consecuencias tan negativas que tiene para el aprendizaje de los alumnos.

Mientras en América Latina las huelgas de los docentes no son un fenómeno desconocido, en los países asiáticos, especialmente en los del Sudeste, sería impensable para la sociedad perder tantas horas de clase. Diversos estudios y analistas como Oppenheimer han documentado el valor que las familias otorgan a la educación y a la preparación para la vida. En Singapur, por ejemplo, la jornada escolar diaria es de 6 horas, pero se valora tanto la educación que los niños y jóvenes atienden en la tarde clases adicionales con tutores para mejorar su formación en temas específicos como matemática, física, química o ciencias naturales. Situaciones similares se dan en Corea y Japón. Haciendo la sumatoria de todo el tiempo que dedican al estudio resulta que los niños y jóvenes asiáticos estudian cerca de 12 horas diarias.

Además, en los países asiáticos tienen previstos más días de clase que en Guatemala. En Corea de Sur el año escolar es de 220 días, mientras en Indonesia es de 252 días. En Guatemala el año escolar se compone de 180 días, pero lamentablemente no se cumple con esta normativa. La Gran Campaña Nacional por la Educación ha reportado en diversos estudios de auditoría social 2008 y 2009 que en promedio las escuelas no superaban los 120 días de clase cada año. Las expectativas de incumplimiento de los días de clase se plantean desde el inicio del ciclo escolar. El 31 de marzo el Quezalteco publicó una noticia en la que la Asamblea Magisterial de Quetzaltenango consideraba que este año no se superarían los 130 días de clase debido a que escuelas e institutos serían utilizados para las elecciones.

Este año es especialmente preocupante en cuanto a días de clase perdidos por cientos de miles de niños y jóvenes guatemaltecos, pues debido a los paros de labores convocados por la Asamblea Nacional Magisterial (ANM) sumados al tiempo que se dedicará a preparar los 635 escuelas e institutos que funcionarán como centros de votación, estos se han reducido en comparación con otros años. Por ello, se prevé que en muchos centros educativos no se cumplirá ni siquiera con 80 días de clase. Reporta el Ministerio de Educación que esta semana se está impartiendo clases en el 83% de las escuelas del país, siendo algunos departamentos del país, como Izabal y Zacapa en donde un porcentaje bajo de escuelas está dando clases (casi un tercio). En cambio, en Jalapa y El Progreso, así como algunos municipios del resto del país el 100% de escuelas está dando clases.

Los estudiantes de las escuelas cerradas están perdiendo el tiempo y eso es muy lamentable, especialmente porque agrava la situación de quienes tienen menores oportunidades. Es necesario poner fin a la suspensión de clases y tomar las acciones requeridas para reponer clases. Posiblemente las clases en las escuelas que suspendieron labores deban concluir a finales de noviembre para lograr que los estudiantes aprendan y aprueben el grado. La incorporación de los padres de familia en la gestión escolar debe retomarse. No olvidemos que las escuelas de autogestión cumplían con los 180 días de clase.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día miércoles 07 de septiembre 2011.

martes, 6 de septiembre de 2011

La insoportable tutela del Estado


PEDRO TRUJILLO

Estoy hastiado de que el Gobierno piense que puede ir tutelando a los ciudadanos. Sin embargo, percibo que poca gente se apunta al club de mi desencanto. En pocos días se celebrarán elecciones y se volverá a prohibir el consumo de alcohol con motivo de tan “magno evento”. Podremos tomar aguas gaseosas o naranjada y limonada los más atrevidos, pero poco más. Si desea una cerveza, un vino o un ron nacional —del que todo el mundo se siente orgulloso—, ¡no se lo servirán!. Estaremos nuevamente bajo vigilancia, tutela y supervisión del todopoderoso Estado.


Lo lamentable es que somos incapaces de actuar y nos hemos acostumbrado. Decidieron hace tiempo que no era bueno que bebiéramos alcohol después de una determinada hora, lo que hizo que la mara se trasladara a gasolineras y a otros lugares, pero no dejaron de divertirse. La prohibición chapina obedece a ñoños decimonónicos y acomplejados que posiblemente no supieron beber de jóvenes, y de ebrios irresponsables pasaron a sobrios legisladores o a presionar para que, justificándose en el puritanismo y en la mediocridad, poder “educar” a la nueva juventud. No aprendieron de lo que pasó en Estados Unidos con la prohibición, aunque reconocen y viajan a esos países que denominan “alegres” —porque a cualquier hora se puede hacer de todo—, donde seguramente apagan sus penas en tugurios en los que nadie los identifica.

Es momento de tomar una postura al respecto o de seguir acomplejados, cuando no aborregados, aceptando de por vida esas decisiones de “salvadores” de la humanidad que se quedaron anclados en al pasado. Seamos locomotoras de ideas, no vagones de remolque. Mientras más indolente es un pueblo, más irresponsables son los políticos —copiada del facebook—. La libertad conlleva exigencias y si pedimos ser libres debemos ser consecuentes y asumir las correspondientes responsabilidades. No se puede hablar de democracia o de derechos humanos sin suprimir las limitaciones impuestas por órganos que creen contar con la capacidad de vigilar y acomodar el comportamiento del ser humano a su capricho o particular moral. Antes de modificar la Constitución es preciso anular todas esas normas restrictivas de la libertad que pretenden ajustar la conducta de muchos a los deseos de pocos, bajo un prisma de valores muy particulares, pretendiendo que el ciudadano adopte una actitud obediente y servil, nunca libre. La desobediencia civil ha sido promovida por muchos pensadores: Locke, Gandhi, Arendt, Thoreau, Luther King, Habermas, Rawls y muchos otros. La ley no debe cumplirse cuando atenta contra la libertad de la ciudadanía, “no es buena” o pretende imponer normas positivizadas que en nada son producto de la costumbre —además de otros casos—, lo que justifica su incumplimiento. De lo contrario, ya encontrarán esos “padres y madres” de la patria el momento y la razón para impedir el consumo de kakik o de subanik.

El próximo 11 de septiembre, además de votar, tómese una cerveza o un vino inmediatamente después —o antes; total, los bolos y los niños son los que dicen la verdad—. Reúnase en plazas públicas, como ciudadano responsable que no tiene miedo, y comparta, además de una buena charla, una cubeta fría de chelas, no importa qué marca, o una botella de cualquiera de los vinos que encuentra en el país. Ejerza su libertad responsable y desafíe al sistema. ¿Quién paga la primera ronda?

P.D. No me pregunten dónde estaré yo.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 06 de septiembre 2011.

¿Estado débil?


JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO

Dicen que hay que aumentar impuestos porque Guatemala tiene un Estado “débil”. ¿Débil? No. Disfuncional, incompetente, corrupto, a pesar de la gente buena que pueda estar allí, tal vez; pero no débil. Por lo tanto, es ingenuo creer, como se insinúa, que simplemente con más impuestos tendremos un mejor Estado. El Estado de Guatemala es fuerte. Hace lo que quiere con quien quiere. En el pasado sus agentes fueron protagonistas de graves violaciones a los derechos humanos, y en el presente sus agentes son la más importante amenaza a nuestra prosperidad y garantías constitucionales.


¿Qué tiene de débil un Estado que, si se le da la gana, lo puede llevar “pie con geta” a la cárcel, puede confiscar su propiedad o gastar fondos públicos sin control?

El Estado de Guatemala no es débil. Por una parte es fuerte, como para que la seguridad del aeropuerto confisque la cajita de crayones de cera del niño-pasajero, pero deja pasar valijas de dinero cuando las llevan funcionarios públicos. Mantiene indefinidamente en la cárcel a personas sin condena, pero no investiga ni persigue, de oficio, denuncias de graves delitos. Es indiferente frente a las violaciones a la libre locomoción, pero respetuoso del derecho de manifestación de Joviel Acevedo, bloqueando calles y carreteras. Que no lo engañen, el Estado de Guatemala ya posee lo necesario para promover el bien común. ¿Débil? No. Sin valores, sin ética, sin moral, sin “voluntad política”, tal vez. Cosas que, de paso, también escasean a lo largo y ancho de nuestra sociedad.

¿Gobierno fuerte? ¿Que respete sus derechos individuales? Otra historia. ¿Cuánto poder tiene sobre su vida la Policía, el MP, Cicig, la SAT, los tribunales, el organismo Ejecutivo o el Congreso? Mucho más del que usted cree, y si supiera, se espantaría. ¿Ya leyó la Ley de Extinción de Dominio, por ejemplo? Léala y luego hablamos. Los únicos tranquilos parecen ser los criminales, quienes, de todas maneras, no temen a la ley.

Contrario a lo que se nos quiere hacer creer, la fortaleza del Estado no está en su tamaño ni en sus ingresos. Su verdadera fuerza radica en la legitimidad con la que ejerza su poder coercitivo, en el respeto —no miedo— que infundan sus autoridades, en la percepción de justicia que se imparta en sus tribunales, en la razonable eficiencia con la que entregue servicios públicos, en la honorabilidad con la que actúen sus funcionarios. Para ello, obviamente, se requieren fondos, pero, como dicen, hay cosas que el dinero puede comprar, los valores necesarios para que un Estado funcione, a favor del bien común, no tienen precio.

Así que, a como se están planteando las cosas, de nuevo, más impuestos solamente nos garantizan más del mismo gobierno y Estado. Más grande, pero no mejor; más “fuerte”, pero no más respetuoso de nuestros derechos constitucionales; nuevo, pero igual a los anteriores. No sea ingenuo, no caiga, otra vez, en esa vieja trampa. Llevamos años haciendo lo mismo y seguimos esperando resultados diferentes. No acepte más gobierno y exija un mejor gobierno antes de darle un centavo más.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 06 de septiembre 2011.