martes, 31 de mayo de 2011

Vamos... ¡a por más!

PEDRO TRUJILLO

El presidente vuelve a enojarse. El divorcio falso y de cartón que le impusieron parece afectarle la testosterona y seguramente las endorfinas, generando una particular mezcla de irritación que se une a otra no menor de ineficacia. El berrinche ahora es porque nadie le hace caso —eso ya pasaba antes— y no ve la forma de aprobar un incremento presupuestario sobre el supuesto de siempre: necesita más dinero para mejorar la seguridad, ¡como si eso hubiese importado alguna vez!

Se olvida de que fue su bancada —la UNE— la que aprobó el vigente presupuesto, con sus recortes correspondientes y sus magníficos candados. Tampoco dice que el año fiscal ha ido tan bien que han recaudado más de dos mil millones de quetzales por encima de lo previsto. Debería estar contento porque el presupuesto ya no está tan desfinanciado, puesto que de los tres mil y poco que faltaban se puede ahorrar lo recaudado de más, aunque no hace esas cuentas. Seguramente la candidata oficialista necesita más dinero para sufragar una campaña agónica que se visualiza estadísticamente perdida y le faltan fondos para continuar con el clientelismo ferviente iniciado desde que tomaron posesión. Generar una crisis parece ser una alternativa para olvidar la debacle que cada día se avecina más próxima.

Entre todo ese marasmo de créditos, incremento presupuestario, aprobación de deuda y similares carajadas, también ha pedido el levantamiento de los candados que inteligentemente el Congreso colocó en el presupuesto. Es ahí donde le duele. Necesita poder seguir realizando transferencias de diversos ministerios al bodrio de Cohesión Social y sus subprogramas creados a medida que satisfacen los intereses electorales del momento. Dicen que para seguridad faltan Q500 millones, pero callan que más de Q800 millones fueron los que Gobernación ha desviado para estos inútiles y clientelistas propósitos, además de tener a dos ministros procesados —que él nombró— por diversos desfalcos. Todo un ejercicio de manifiesto descaro y servilismo al clan magisterial.

El mejor calificativo a endilgar a quien pretende dirigir todo este cotarro es el de irresponsable e improvisador. Este gobierno perdió la razón, la credibilidad y el apoyo hace mucho tiempo. Si bien continuamente pidió dinero, nunca presentó un solo plan en nada, y menos en seguridad, todo un contrasentido porque no se puede financiar algo que no existe. Desde la salida aparente de doña Sandra de la vida pública nacional, el presidente está más perdido que una piraña en un bidé, y de ahí todas esas salidas de tono que se juntan con los asesinatos de grupos mafiosos que están poniendo patas arriba al país ¿Qué esperaba?

En su defensa, y sabiendo que aquí es mejor callar porque nadie le cree, ofrece unas declaraciones a la prensa española donde culpa de todos sus males a los gobiernos anteriores, sin darse cuenta de que lleva tres años y medio en la poltrona y ya podría haber hecho alguna cosita. Redujeron el Ejército —algo que apoyó cuando estaba en la oposición “socialdemócrata”—, pero podría haberlo incrementado; desmantelaron bases militares y únicamente tenía que haberlas rehabilitado; Defensa no cuenta —y es cierto— con dinero para inversión, pero con aumentar el presupuesto en lugar de gastárselo en propaganda hubiese bastado, y así un etcétera de inconsistencias de quien nunca supo ni quiso. Lo peor es que viene más de lo mismo. No hay plan B para el fracaso que se avecina en la UNE, salvo la violencia que siempre comienza por una crisis.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el 'día martes 31 de mayo 2011.

El ocaso del aeropuerto

JOSé RAúL GONZáLEZ MERLO

Luego de casi cuatro años el aeropuerto La Aurora está pasando de ser el más moderno de la región a ser el de más rápido deterioro. Un total descuido y vergüenza nacional, de cara a la primera impresión que tienen los extranjeros de nuestro país. Aún así, los políticos tienen la desvergüenza de amenazar con aumentar el impuesto de salida del país.

La reconstrucción del aeropuerto La Aurora fue uno de los primeros “caballitos de batalla” de la administración de Álvaro Colom. Olvidadas están las conferencias de prensa de las primeras semanas del nuevo gobierno, en las que se denunciaron malos manejos durante su construcción a cargo del gobierno de Berger. Allí fue donde el presidente Colom condenó, por primera vez, las transferencias presupuestarias y deuda flotante del gobierno anterior. Luego de más de tres años, las denuncias quedaron en el olvido político y sin pruebas para deducir responsabilidades. Y las transferencias presupuestarias y herencia de deudas se volvieron el “pan nuestro de cada día” del gobierno de la UNE.

No pasó ni se probó nada. Apenas inaugurado, el aeropuerto comenzó su deterioro acelerado. Hoy en día el visitante se encuentra con que el edificio parece un horno, sin que se vea en el horizonte la posibilidad de que funcione aire acondicionado alguno. Primero se descompuso una escalera eléctrica y nadie hizo nada. Luego se arruinó la segunda y ahora los visitantes deben bajar con todo y equipaje por las escaleras, a pie. Ambas llevan meses descompuestas y a nadie le preocupa. Los baños también están en un franco deterioro. Los parqueos son un lugar diseñado para una emboscada, por la temible oscuridad en la que se mantienen. El área de espera para viajeros entrantes (si se le puede llamar así) es igualmente oscura, sin un solo rótulo que oriente a la gente respecto al estado de los vuelos. Ni eso son capaces de hacer… En una palabra, el aeropuerto, lejos de ser motivo de orgullo, es un desastre y una vergüenza.

Y para terminar de insultar la inteligencia de los ciudadanos, ahora resulta que se les ha ocurrido aumentar el impuesto de salida por vía aérea en US$15 más. La pregunta es qué están haciendo con los más de US$30 que ya están cobrando y que nadie se da cuenta porque se lo “incluyen” en el precio del boleto aéreo; y qué pasa con los Q20 del otro impuesto que también se cobra. La respuesta es más que evidente: hagan lo que hagan, no importa, el aeropuerto viene en rápida decadencia.

La falta de rendición de cuentas y la mala administración son pésimas costumbres de los funcionarios públicos. Las autoridades de La Aurora tienen mucho que explicar y mucho más que arreglar del aeropuerto. A ver si algún día finalmente entregan resultados.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 31 de mayo 2011.

Sicariato y la CICIG

Estuardo Zapeta

La semana pasada escuché en Radio Sonora uno de esos jugosos debates entre un representante del partido oficial UNE y uno del Patriota.


La semana recién pasada escuché en Radio Sonora uno de esos jugosos debates entre un representante del partido oficial UNE y uno del Patriota. Me pareció algo improvisado, y por eso precisamente más intenso, más pasional.

Según escuché, el representante del partido oficial acusaba a los de la “mano dura” de tener supuestos vínculos con el narcotráfico, y pedía que se diese una explicación al pueblo de Guatemala.

Ni lento ni perezoso, el representante del partido naranja respondió negando tales acusaciones y exponiendo que si de “explicaciones” hablaba el representante del partido en el poder, que él fuera el primero en dar explicaciones acerca de los grupos de “sicarios” que “su hermana” presuntamente dirigió desde la Policía Nacional Civil. Supongo que quien a tal acto de sicariato señalaba se refería a la ex directora de la PNC Marlene Blanco Lapola, ya que ha sido la única mujer que ha dirigido esa institución, y quien hablaba al aire era de apellido Blanco.

Acto seguido, el representante del partido oficial interrumpió la comunicación abruptamente y colgó el teléfono. El periodista de Sonora insistía en la posibilidad de un debate en cabina, pero ya no hubo respuesta del lado verde. Entiendo que colegas de Emisoras Unidas habrían buscado la primicia de este debate, pero que el representante del partido oficial se ha negado a participar si se habla de las acusaciones e investigaciones de “sicariato” contra su hermana.

El caso del “sicariato” no es primera vez que sale a luz, y me parece una táctica poco inteligente del partido oficial salir a debatir, o por lo menos sacar a debatir a una persona cuya hermana está acusada de tal crimen. De hecho, el caso lo investiga la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, institución que sospechosamente ha mantenido el caso bajo mucha reserva.

Este fin de semana —28 y 29—, escucho reportes acerca del mismo representante de partido oficial acusando al candidato Pérez Molina de asesino y de violador de los derechos humanos.
Segundo error estratégico del “sandrismo”. En Guatemala, el concepto de derechos humanos está tan prostituido a tal punto que los ciudadanos lo asocian con la defensa de los delincuentes, y fue Alfonso Portillo quien demostró que discursivamente esas acusaciones solamente aumentan el caudal electoral de quien sea acusado de violador de los derechos humanos. La lógica de los chapines funciona al revés y una presunta violación a los derechos humanos es vista como un acto contra la delincuencia que es la única que pareciera tener esos derechos. Me sorprende que los oficialistas sean tan ingenuos y no se hayan percatado de eso.

Pero a estas alturas del juego parece que tendremos más de esos dimes y diretes de ambos bandos, y no necesariamente una construcción de argumentos cuidadosamente seleccionados que contribuyan al avance de las ideas.

Siempre el que aventaja es quien está en el poder, pero esa posición precisamente es también su principal debilidad, porque todo lo que diga es usado en su contra en el momento.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "siglo 21", el día martes 31 de mayo 2011.

lunes, 30 de mayo de 2011

CSI: Guatemala

Marta Yolanda Díaz Duran

“NINGUNO de los candidatos presidenciales tiene la valentía de proponer lo único que se puede hacer”.

Sé, gracias a sus correos, que varios de ustedes esperaban leer hoy la segunda parte del ¿cuento? que compartí con mis lectores la semana pasada. Sin embargo, a raíz del macabro asesinato de 27 personas en Petén, me veo en la necesidad de posponer la publicación de “Pasados los quince minutos” para el próximo lunes. Estoy segura de que la mayoría entenderá el porqué.

Como lo expresa correctamente Alberto Benegas-Lynch (h) en un artículo publicado el pasado jueves en el diario argentino La Nación, en el que comenta el caso de la llamada “revolución de los indignados” en España: “Es increíblemente curioso y por cierto muy paradójico que la gente sea explotada miserablemente por intervencionismos estatales inmisericordes y, simultáneamente, las víctimas pidan más de lo mismo”. Lo que es aplicable a millones en muchos países, incluido el nuestro.

Uno de los ejemplos más recientes de lo absurdo que es pedir más poder para los gobernantes y una reducción mayor al poco respeto que todavía queda a los derechos individuales es la exigencia de un grupo de señores del Cacif de que en toda Guatemala se imponga el Estado de Sitio. ¡Qué tontería! Creen que de esa manera los criminales se van a encerrar en sus casas a temblar del miedo ante la presencia de las fuerzas de seguridad. De no ser por las consecuencias que la propuesta conlleva para los ciudadanos honrados y respetuosos de la Ley, una solicitud como la de los mencionados sería para tirarse al piso a llorar de la risa.

De tiempo atrás me hago la pregunta, y aún no he encontrado la respuesta, de por qué a tantos bienintencionados les cuesta entender ¿o reconocer? que por definición a los delincuentes y criminales la legislación y todas las prohibiciones que haya en determinado momento en una sociedad, cualquiera que esta sea, les viene del norte y se la pasan por al arco del triunfo.
Por eso, mis indignados señores caciferos y demás que piensen como ellos, los decretos que limitan el ejercicio de los derechos ciudadanos NO acaban con el mal que pretenden combatir. Por el contrario, lo fortalecen en el largo plazo.

Lo que sí con mucha pena tengo que aceptar es que hoy Guatemala entera es un espacio digno de una serie de televisión donde la escena del crimen es todo el territorio nacional. Una escena del crimen perfectamente limitada, como nuestros derechos, pero en la cual pocos se atreven a investigar las violaciones diarias por miedo a perder su vida en el intento.

Al fin, muchos agentes de la justicia ya han muerto a manos de los antisociales que pretendían atrapar. Y lo más lamentable de todo es que NINGUNO de los candidatos presidenciales tiene la valentía de proponer lo único que se puede hacer: descriminalizar (como explica Benegas-Lynch (h) en La tragedia de la drogadicción) la producción, comercialización y consumo de las drogas prohibidas, sin importar la opinión del Gobierno de Estados Unidos.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "siglo 21", el día lunes 30 de abril 2011.

viernes, 27 de mayo de 2011

¿Pelear una guerra ajena? (2)

Karen Cancinos

Que lidien los gringos con su demanda de drogas. Bastante tenemos con nuestros propios líos.

No solo las politiquerías de Mi familia Progresa y sus similares son las que promueven una cultura de mendicidad, además de una perceptible laxitud del sentido del deber, sobre todo en los hombres (si alguien puede andar por ahí engendrando muchachitos para luego decirles a sus madres que se alisten para recibir “ayuda del gobierno”, lo más probable es que lo haga, y si encima de “la bolsa” hay dinero en efectivo, tanto mejor). También la criminalización del tráfico y el consumo de drogas es un factor que les desincentiva a formarse en un oficio o una profesión honrados. Después de todo, es más sencillo enrolarse en una mara si se es citadino, o en una célula de los carteles del narco si se es rural.

Decía la semana pasada que la llamada “guerra al narcotráfico” es un despropósito colosal. No es más que un conjunto de políticas públicas al que suele juzgársele por sus intenciones. Es muy bonito pensar que Obama, bendito sea, y la pléyade divina de presidentes hispanoamericanos, se preocupan tanto por sus compatriotas que han declarado la guerra, Terminator es nada, contra los malvados narcos, las obscenas ganancias que les reditúan las sustancias detestables que mueven, y los malditos armeros que les venden esos adminículos de destrucción con que apertrechan hasta los dientes a sus ejércitos privados.

Sin embargo, las políticas públicas no deben juzgarse por sus intenciones. Eso hay que internalizarlo cuanto antes como ciudadanos responsables y como gente crecidita que somos. Sobre todo ahora, que estamos en año electorero, es necesario que meditemos en el hecho de que no debemos jamás votar por lo que alguien “podría hacer” si fuese presidente, diputado o alcalde. Alguien escribió en un diario que votará por Alejandro Sinibaldi “por la seguridad que ofrece”. Si de ofrecer se trata, él y todos los demás pueden ofrecer hasta viajes con todo pagado a algún destino idílico. De manera que no hay que votar por ofrecimientos, sino por rasgos de carácter evidenciados en objetivos que ya se han alcanzado. En otras palabras, no vote por lo que alguien dice que hará, sino por lo que ha hecho. En entregas posteriores, al estilo de lo que está haciendo el colega columnista Álvaro Velásquez, diseccionaré con este criterio la trayectoria de cada personaje que se ha presentado en esta contienda como candidato a cargos de elección.

Volviendo al tema de las políticas públicas, si a éstas no hay que juzgárselas por sus intenciones (casi siempre son buenas, solo en algunos casos resultan románticas o francamente ridículas, pero esos son los menos), entonces, ¿cuál es el parámetro bajo el cual hay que considerarlas? La respuesta es sencilla: evalúe cualquier política pública a la luz de los resultados que arroja.

Sí, los resultados, no las intenciones, son lo relevante de cualquier acción política. Así las cosas, respóndase: ¿Cuál ha sido el resultado de la “guerra contra las drogas”? Poblados enteros atemorizados con la consiguiente pobreza cundiendo, grupúsculos pululando en tierras de nadie, matándose entre sí y, peor aún, asesinando ahora a labriegos inocentes, todo ello de la manera más cruenta. Lo que soy yo, que los gringos lidien con su demanda de drogas y sus propios carteles. Nosotros ya bastante tenemos con nuestros líos para que, encima, tengamos que hacerles la tarea.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día viernes 27 de mayo 2011.

En defensa del Ejército



Estuardo Zapeta



Parecería que los acuerdos de paz fueron hechos ...



Hace unos días alguien de la Iglesia Católica –y ahora entiendo cada vez con más claridad por qué el “catoli-cismo” romano sigue en fuerte caída por estas tierras—pidió que se cerrara la “escuela de kaibiles” porque era semillero de asesinos, bla, bla, bla.


Respondieron durante mi programa de radio muchos guatemaltecos, algunos identificándose como católicos, y explicaron tres puntos fundamentales, no como respuesta a quien pidió el cierre de la “escuela” de Fuerzas Especiales, nombre correcto, sino más bien dolidos por lo que una oficina parásita a la iglesia argumentaba y ponía a toda la Iglesia en entredicho.


Uno, la gente que trabaja en derechos humanos y que dice pertenecer a la iglesia no representa a la institución y ha prostituido el buen concepto de los derechos, ya que parece que en la supuesta defensa de los derechos casi siempre termina del lado de los malos. Además, seguía el argumento, estas personas trabajan para alguna oficina de la Iglesia pero eso no significa que puedan hablar por ella.


Dos, pedir el cierre de la escuela de Fuerzas Especiales debido a dos o tres ex alumnos qu e alguna vez estuvieron ahí pero que ya no están, y algunos hasta son desertores y se pasaron al lado criminal, no es una demanda correcta. Proseguían los radioescuchas explicando que semejante petición era como la insensatez de pedir que se cierren los monasterios, conventos y seminarios católicos, por ser semilleros de sacerdotes pedófilos. Además, los radioescuchas explicaban que la que menos boca tiene para hablar es la Iglesia Católica después de todos los casos de pedofilia, violación de menores y corrupción que han sucedido dentro de la Iglesia con personal religioso “de alta”.


Tres, me pareció correcto que el gran señalamiento que se hizo fue el de un debilitamiento sistemático del Ejército de Guatemala a partir de los Acuerdos de Paz. El Ejército cumplió más allá de lo estipulado en los acuerdos, y cumpliendo con esos compromisos políticos la pagadora de tal errada decisión es la población, y el gran ganador fue el narcotráfico.


Parecería que los Acuerdos de Paz fueron hechos por los mismos narcotraficantes, ya que la disminución abrupta y sin sentido del Ejército solamente contribuyó a un crecimiento sin resistencia de las mafias de la droga que hoy tienen el control de la nación.


Y la crítica iba para este gobierno, que se ha preocupado en buscar en los gobiernos anteriores a los culpables del debilitamiento del Ejército, pero que no ha hecho mayor cosa para fortalecerlo. Este es el gobierno que utiliza a los soldados para repartir la bolsa solidaria, para cuidar a policías, o para implementar los estados de sitio, pero que no tiene una visión estratégica del tema de la seguridad, y menos estaría interesado, y me pregunto por qué, en un Ejército fortalecido, y más pareciera que está en alianza con a saber ni quién, y por eso seguimos los ciudadanos siendo el jamón del sándwich.


Los ciudadanos civiles somos los más interesados en el fortalecimiento del Ejército, ya que esta guerra va en aumento.



Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día viernes 27 de mayo 2011.

jueves, 26 de mayo de 2011

La Descriminalización de las drogas

Ramón Parellada

Recibí muchos comentarios en relación con mi artículo de la semana pasada La prohibición de las drogas (Siglo.21, 19/05/2011). La mayoría vino de personas que están preocupadas por la violencia y la destrucción de nuestra sociedad por tanta violencia y corrupción. Otros preocupados genuinamente por la destrucción que las drogas causan en quienes las consumen.

Unos pocos no estaban de acuerdo con la descriminalización de la producción, distribución, venta y consumo de drogas, pero sí la mayor parte de quienes me hicieron llegar sus comentarios por distintas vías. Esa retroalimentación me permite ampliar el tema aquí.

Debo aclarar, en primer lugar, que en el artículo referido se escribió “discriminalización” de las drogas en vez de “des-criminalización”. No es lo mismo. El corrector automático de la computadora, cambió la “e” por la “i” causando un cambio total en el sentido de la palabra. La idea de descriminalizar las drogas viene de lo que muy bien explica en su libro La tragedia de la drogadicción: una propuesta el Dr. Alberto Benegas Lynch (h) al afirmar que moralmente no corresponde criminalizar lo que no constituye un crimen. Y las drogas podrán convertirse en un vicio y dañar a quien lo consume, pero si esa persona no está dañando a otras personas o a sus propiedades no es ningún crimen.

Este punto, el de no criminalizar lo que no es un crimen, es el que a mi juicio pesa sobre cualquier otro. Criminalizar el consumo de las drogas es como criminalizar el consumo del alcohol, tabaco, chocolate, café y/o té. Al fin y al cabo todos son estimulantes. Hay alcohólicos y siempre los habrá, al igual que quienes fuman cigarrillos o puros y quienes tomamos café o té. Imaginémonos que a los deportistas se les prohíbe una infinidad de alimentos y estimulantes.

No por tomar té o café o fumar un cigarrillo o beber una cerveza estamos cometiendo un crimen. Incluso si alguien quiere emborracharse y lo hace sin afectar a otros no se le considera un crimen. Si por ir borracho en el auto atropella a alguien debe pagar las consecuencias de sus actos sin ninguna clase de atenuante. Lo mismo si por haberse ido drogado afecta a otros, dañándolos o dañando su propiedad, entonces debe pagar por ello.

Hoy en día hay una lucha, o más bien se libra “una guerra contra las drogas” que ha causado que al criminalizar el consumo y todas las etapas, desde la producción hasta la venta, sean organizaciones criminales, corruptas y violentas quienes se dediquen a este artificialmente jugoso negocio. Todo se maneja en el mercado negro o informal, o sea al margen de la ley, y no parece haber forma de pararlo.

Cada vez que hay un golpe al narcotráfico aparecen otros con más fuerza. Cada vez que se destruye parte de la oferta el precio se incrementa, incentivando más aún la participación de quienes aún no se habían caído en estas organizaciones. Mientras más ingresos y utilidades cause el narcotráfico más fuertes se hacen las organizaciones que lo manejan, más impulsan su consumo, aumentando así la demanda, y más corrompen y copan a los sistemas de justicia y fuerzas armadas y de seguridad.

En Estados Unidos se prohibió el consumo de alcohol con la famosa “Ley Seca” y se persiguió sin éxitos mayores a quienes lo producían, distribuían y vendían.

La guerra contra el alcohol jamás se ganó hasta que se abrogó la ley. Podemos y debemos aprender de esta experiencia. ¿Por qué tardamos tanto? ¿Cuánta sangre, destrucción y corrupción debemos ver todavía antes de que aceptemos que ésta es la única forma de resolver este grave problema?

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día jueves 16 de mayo 2011.

Entendiendo el capitalismo

Federico Bauer Rodríguez

Gracias a la generación de utilidades el sistema es autosostenible.

La principal razón de la pobreza de nuestros pueblos es la poca comprensión que tienen nuestros líderes del papel que el capital privado juega en la generación de riqueza en una sociedad. El capital privado, y el sistema económico en el que se desarrolla –capitalismo– continuamente son amenazados por políticos, periodistas, religiosos, intelectuales, estudiantes, y población en general.The Economist del 9/4 nos informa que en una encuesta reciente, la aprobación del capitalismo era de 69 por ciento en Alemania, 68 por ciento en China y Brasil, 59 por ciento en los EE.UU. y 30 por ciento en Francia. No es de extrañar que en esos países donde el capitalismo es mejor aceptado han tenido un desempeño relativamente bueno durante la crisis.

Hace 20 años, 2 años después de la caída del Muro, en la encíclica Centesimus Annus,SS Juan Pablo II nos definió el capitalismo así: “Si por “capitalismo” se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, esta respuesta ciertamente es positiva”.Totalmente de acuerdo con la cita de la encíclica, ya que la función primaria del capital (factor de producción de bienes de consumo y bienes intermedios) es incrementar eficientemente la producción de bienes de consumo (productividad), tanto en calidad como en cantidad, lo que ha permitido que la gran mayoría de los habitantes de los países industrializados (capitalizados) tengan vivienda con calefacción, telecomunicaciones, infraestructura, transporte, salud, educación y otras ventajas materiales de la vida moderna.

El capital tiene dos funciones secundarias –consecuencia de la anterior– que son importantes y que permiten el desarrollo socioeconómico de las naciones: 1) incrementa el producto marginal del trabajo; y 2) genera un rendimiento financiero que le permite autogenerarse.Gracias al incremento en el producto marginal del trabajo es que los trabajadores pueden ganar más sin que los precios de los artículos de consumo se incrementen, con lo que el poder de compra efectivo mejora, y el sector asalariado efectivamente obtiene una mejor calidad de vida. En las naciones industrializadas el sector asalariado goza de casi todas las comodidades que los estratos más altos gozan, como casa y auto propios. Un trabajador alemán gasta en un fin de semana el equivalente a un salario mensual de un trabajador centroamericano y la explicación está en el nivel de capitalización de esas naciones.

Gracias a la generación de utilidades es que el sistema es autosostenible, ya que son estas utilidades las que generan el incremento del capital disponible, que a su vez genera plazas laborales, salarios y capacidad de consumo.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "El Periódico", el día jueves 16 de mayo 2011.

El fin



JORGE JACOBS A.


El sábado algunas personas se quedaron esperando el momento en el cual serían llevadas al cielo, en el tan esperado “arrebatamiento”. Le creyeron a Harold Camping, un predicador radial estadounidense que, en repetidas ocasiones, ha pronosticado erróneamente el fin del mundo. Charlatanes como este lamentablemente abundan y son responsables del menosprecio de muchas personas hacia el mensaje del evangelio. Pero no son culpables solo ellas, sino también los ingenuos que se dejan engañar



Camping no es el primero ni será el último de los “profetas” que anuncien la fecha exacta del fin del mundo. En las décadas recientes hemos visto varios, todos fallidos hasta el momento. Y esto viene desde hace dos mil años, al menos en la tradición cristiana, desde la promesa que dos hombres vestidos de blanco hicieran a los discípulos luego de la ascensión. Y desde esa época vienen también las historias de quienes lo “dejaron todo” para esperar esa segunda venida.


Fue el caso de la primera iglesia cristiana, la de Jerusalén, en la que se llevó a cabo y falló el primer experimento de la vida “comunitaria” dentro del cristianismo. Vendieron todo y se dedicaron a esperar el regreso de Jesús. Algún tiempo después, como era de esperar, necesitaron de la caridad de los miembros de las otras iglesias para sobrevivir.


El futuro es intrigante y no nos debe extrañar que muchos intenten “descifrarlo”. Son innumerables las personas, no solo en el ámbito religioso, que han buscado una manera de conocer lo que sucederá. Y la curiosidad por el futuro que casi todos albergamos hace que tengan bastante público y hasta seguidores. Uno de los mejores ejemplos no religiosos es Nostradamus, quien sagazmente se guardó de ser demasiado específico en sus predicciones, lo que ha hecho que incontable cantidad de personas se haya dedicado a tratar de descifrarlas y ajustarlas a los acontecimientos de su presente.


Esto es exactamente igual a lo sucedido con el Apocalipsis desde que Juan lo escribió. Incontables estudiosos de las escrituras han tratado de encontrar en esa alegoría los sucesos de su tiempo. Uno de los ejemplos que más recuerdo es el de Yiye Ávila, un predicador evangélico que hace 30 años pregonaba que la Unión Europea —la CEE de aquellos tiempos— era la bestia del Apocalipsis, y que cuando llegase a tener 10 miembros —en esa época creo que tenía siete— empezaría la Gran Tribulación. Los miembros casi se cuadruplicaron y nada pasó. ¿Y la profecía? Bien, gracias.


A veces no sabe uno si reír o llorar ante casos como el de Camping. El hombre es tan testarudo y cínico que todavía esta semana afirmó que ninguna de sus predicciones ha fallado. Según él, el sábado pasado sí vino Cristo, sólo que de manera espiritual, y ese día empezó el “juicio contra el mundo”, el cual terminará el 21 de octubre, cuando será el verdadero “fin del mundo”. Así también indicó que las anteriores predicciones también se cumplieron, ya que en esas fechas —1988 y 1994— empezó el juicio contra la Iglesia. Pero el meollo del asunto es que no devolverá nada de los US$100 millones que recaudó en donaciones para anunciarlo.


Lo peor es que, a pesar de todo, siempre habrá gente ingenua que seguirá cayendo en los engaños de estos estafadores. Al final, no importa cuándo sea el fin del mundo. Lo importante es cómo vivamos el hoy. Y para ello le recomiendo la frase que se le ha atribuido a Ghandi: Vive como si fueras a morir mañana; aprende como si fueras a vivir para siempre.



Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día jueves 26 de mayo 2011.

miércoles, 25 de mayo de 2011

¿Cuántas narcomuertes son tolerables?

Carroll Ríos de Rodríguez


La inseguridad y la impunidad son hoy nuestro principal reto.



Reportando sobre la macabra matanza en Petén, la revista TIME (30-V-11) describe al departamento como un “estercolero de tráfico de drogas y de humanos”. Comenta enseguida que tres países de América Central poseen las tasas de homicidio intencionado más altas del mundo. Según datos para el 2010 generados por la oficina de la ONU que monitorea el crimen y la droga (UNODOC), por cada 100 mil habitantes, la tasa de Honduras es 77, de El Salvador 65, y de Guatemala 42. Encabezamos la lista global, junto con Jamaica (60). La tasa mundial es de aproximadamente 7.6, la de Estados Unidos es 5 y la de Chile de 1.3. Cuando vemos el total de asesinatos anuales, el dato para EE.UU. (2009) y Colombia (2010) fue equiparable, alrededor de 15,200 personas por país, más del doble del total de muertes violentas en Guatemala (6,236), Honduras (5,960) y El Salvador (4,004).


Claro, existen dificultades para estimar y comparar datos—requieren de una interpretación conocedora de la demografía, la economía, el derecho y la historia... El Dr. Carlos Mendoza es probablemente quien mejor ha explorado las complejidades de la violencia en Guatemala, pero podríamos pasar horas leyendo su blog y aún sentirnos ahogados por los números (carlosantoniomendoza.blogspot.com)


Aun así, los peros que nos invaden no extinguen nuestra intuición colectiva: la inseguridad y la impunidad son hoy nuestro principal reto. Y es que a grandes rasgos los números así lo confirman. Estamos frente a la pesadilla que le tocó vivir a otros países golpeados por la guerra contra el narcotráfico, como Colombia. De hecho, la declaratoria de guerra de diciembre de 2006 emitida por el presidente Felipe Calderón (y las autoridades estadounidenses) contra los narcotraficantes en el país vecino ha provocado el rebalse de la violencia hacia el sur.


Aterra pensar que podríamos experimentar lo mismo que México. Su gobierno federal afirma que el número de muertes relacionadas con el narcotráfico subió vertiginosamente de 2,221 en 2006, a 6,837 en 2008. El alza continuó: el año siguiente murieron 9,614, y en 2010 perecieron 15,273, incluidos niños y mujeres. Hasta abril de 2011, nuestros vecinos lamentan la pérdida de casi 40 mil personas producto de esta alarmante guerra. ¡Holocausto! Murieron 12, 913 menos civiles en la guerra en Iraq que en México el año pasado (icasualties.org). De ahí que el ex presidente Vicente Fox, entre otras figuras prominentes, opine que la guerra está fracasando y que ha llegado la hora a estrategias alternativas como la legalización.


Cumpliremos con el llamado del Vicariato Apostólico de Petén de buscar “soluciones de fondo y permanentes, por la vía del diálogo constructivo y la participación ciudadana”, si exploramos desapasionadamente los incentivos de costo y beneficio para cada sector de actores implicado en esta inhumana guerra, sin obviar las consecuencias no intencionadas que acarrean las políticas fallidas. Es urgente encarar “lo que es”, para transitar sin desánimo hacia “lo que debe ser”.


Artículo publicado en el diario guatemalteco "siglo 21", el día miércoles 25 de mayo 2011.

martes, 24 de mayo de 2011

Medias verdades

PEDRO TRUJILLO



Ante el evidente palmario e innegable fracaso del Gobierno en materia de seguridad, el presidente, el ministro de Gobernación y otros muchos incluyen en sus intervenciones la necesidad de contar con más recursos y mejores capacidades. No les falta razón en algunas apreciaciones. Sin embargo, hay que aclarar que sobre todo en los últimos años, el tema de la seguridad no ha sido prioritario y cada vez más descubrimos que ni siquiera es importante o significativo, a pesar de ser la primera demanda social y el deber esencial de todo gobernante.


Se interesaron más por dilapidar el dinero público en ciertos programas populistas —que no han servido para mucho (o para nada)— y en transferir parte de los recursos con los que contaban. Determinadas ONG y ciertos personajes —que viven de proclamar lo que donantes internacionales quieren oír, son juez y parte interesada o sencillamente no tienen ni idea del tema— son el principal obstáculo para que la seguridad permanezca en el lodazal en que ellos mismos la metieron con sus absurdas propuestas y continuas presiones desde la firma de los acuerdos de paz.


Desprestigian permanentemente al Ejército, critican las patrullas combinadas —cuando en la torre Eiffel o el aeropuerto parisino son soldados quienes apoyan a la Policía y todo se mira con normalidad— y otras inútiles injerencias propias de sus agendas monetario-ideológicas pero no del interés del país.


Hay que potenciar a las fuerzas de seguridad y a los órganos encargados de inteligencia, pero no es menos cierto que en este país todo se sabe. No es un problema de falta de información, más bien de lo contrario. El exceso de información posibilita el soborno, la corrupción, el engaño y la venta de la misma, permitiendo al criminal anticiparse a la actuación judicial o policial. Hay muchos bocones en altos puestos que filtran detalles y de ahí el fracaso de operativos, de allanamientos o de actuaciones judiciales.


La “infocorrupción” permite que ciertos funcionarios conformen su parcela de poder y se involucren con criminales organizados a quienes alertan cuando son buscados o tienen un proceso en contra.


El lamento de la falta de medios —cierto, solo en parte— no es justificable sin agregarle el enorme grado de infiltración como causa principal de la mayoría de los fracasos de las acciones del MP o de la Policía. Separaron a 10 fiscales, a un ministro y a un secretario —que sepamos—, pero ninguno está en prisión. Robaron repetidamente armas en depósitos militares y tampoco nadie está encerrado por ello. Fallaron en diversos operativos de búsqueda, pero no se actuó contra los responsables.


Es menos comprometido desprenderse del estorbo cesando a quien convenga o a segundones que interponiendo una demanda judicial que mande a los responsables a la cárcel de inmediato y sean procesados por colaboradores. Ahí deberían utilizar parte de esa inteligencia que prometieron en las elecciones y que brilla por su ausencia. Se cuenta con suficiente información. No hay que saber más de lo que se conoce o se puede conocer. Basta con pasear por las calles de ciertos pueblos, ver algunas fotografías terrestres tomadas desde aviones, preguntar a los vecinos o chequear movimientos en la SAT para darse cuenta de que —a poquito que la cabeza y los pantalones les dieran— podrían haber hecho mucho más. Medios faltan, pero capacidad política y voluntad nunca existieron ¡A estas alturas, dejen de lamentar su patente inutilidad y no se justifiquen ni mientan más!



Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 25 de mayo 2011.

El gasto fiscal inexistente



JOSé RAúL GONZáLEZ MERLO



La semana pasada la SAT publicó lo que ellos llaman el monto del “gasto fiscal”: lo que, supuestamente dejan de percibir por no gravar determinadas actividades. Ellos dicen que son Q26 mil millones al año. Nada más falaz. Ni se puede exigir aquello que no es propio ni se puede pretender que una simple regla de tres es un ingreso seguro. Presuntamente, el monto del “gasto fiscal” se calcula multiplicando el valor estimado de la actividad económica por la tasa de impuesto



que no le han aplicado todavía. Una simple regla de tres, pero inaplicable en la realidad. Más bien parece un deliberado intento por exagerar el monto del supuesto “gasto fiscal” en la búsqueda de aumentar impuestos a como dé lugar.


Por ejemplo, dice la SAT que la maquila le representa un “gasto fiscal” de más de mil millones de quetzales, ya que goza de exoneración de impuestos. Se supone que, si estuviese afecta al pago de ISR o de IVA, esta generaría esos mil millones de impuestos. El problema es que, muy probablemente, la imposición de los gravámenes provocaría la pérdida de competitividad y el retiro de dicha actividad económica de Guatemala. ¿De qué sirve creer que se puede recaudar de una renta imponible inexistente? Es deliberadamente engañoso asumir que aumentar el costo de determinadas actividades económicas, mediante la imposición de impuestos, no tiene consecuencias. Lo lógico sería esperar que la actividad sufriera una caída en su dinamismo y, con ello, en su capacidad de generación de impuestos.


Estas observaciones de sentido común son deliberadamente ignoradas año con año por el fisco. Mientras tanto, los montos atribuibles a ese “gasto” son cada vez más espectaculares. Cifras del orden del 8% del PIB nos pretenden hacer creer que tan solo gravando lo que hace falta por gravar podríamos aumentar la carga tributaria de Guatemala en un 80%. ¿Qué fácil, no? A como van las cosas, a la SAT se le podría ocurrir que todavía no grava el aire que respiramos y calcular el respectivo “gasto fiscal”. Imagínese, no estar pagando, por ejemplo, tres centavos por cada inhalación, en 1.2 millones de NIT representa un “sacrificio fiscal” cercano a los Q95 millardos. ¡Pare de contar! ¡Ese es el único impuesto que necesitamos porque cubriríamos 150% del presupuesto de gastos del 2011! Lamentablemente, así es como las autoridades se inventan ejemplos fantasiosos e ilegítimos.


El único gasto real es el que se le impone al ciudadano tributario. Este tiene que trabajar honradamente y luego ver expropiado el fruto de su trabajo para que su dinero sea utilizado en quién sabe qué aventura política. Ese sí es gasto de verdad; lo demás son inventos para tratar de distraer a la opinión pública de la pésima administración de los impuestos.



Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 25 de mayo 2011.

Charlatanes apocalípticos


Estuardo Zapeta



Las horas pasaban en agonía, “como ladrón en la noche”, puro político, me decía, vendrá, porque vendrá, lo ha dicho el gringo ese...



El mundo acabaría el sábado. No salí de casa, ni comí, ni bebí, ni dije “malas palabras,” sólo me dediqué al ayuno y la oración, a cánticos, alabanzas, coros, himnos y salmos. “Si viene, me prepararé,” dije, mientras repetía casi en silencio el libro de Macabeos. Apócrifo o no, debo leerlo, y si no me lo piden, pues algo aprendí de estos medio guerrilleros bíblicos.


Las horas pasaban en agonía, “como ladrón en la noche”, puro político, me decía, vendrá, porque vendrá, lo ha dicho el gringo ese, lo dicen las vallas, lo dice todo el mundo, lo dice el tremendo, el cardiaco, el hermanito, todos lo dicen, hoy es el fin del mundo.


Y acto seguido quemaba más pom, más incienso, más mirra, no vaya a ser que “dios” sea maya, o católico, u árabe, mejor agarré cuanta babosada pude para quemar, y quemé más, hasta mariguana, “no sea que el dios del gringo le ponga”, y yo aquí sin nada que ofrecerle, qué mala educación, no vaya a ser que por no recibirlo con un puro ya me mande allá con el chamuco, donde es el lloro y el crujir de dientes; de todo quemaba yo ese día, hasta quemé canilla, por si era polígamo.


Por la tarde, cayó granizo allá por la zona 13, 14, 18 y la Zona Viva, El Gallito, el Congreso y el Palacio y la línea, el MP y la PNC, “castigo de él”, decía yo, por tanto mal que sale de esos lugares, y las enormes piedras tronaban, retumbaban, que yo me arrodillé y dije, “hoy sí, ya viene,” y yo aquí en estas fachas. Entonces me fui a bañar, muy rápido: loción, calzoncillos limpios, camisa nueva, zapatos lustrados, saco de casimir inglés –porque a los mal vestidos los dejan—y seguí mis letanías.


Ya las tripas me tronaban, tanto tiempo sin comer, la deshidratación hacía presa de mí, tanto tiempo sin tomar algo, y empecé a ver visiones de ángeles, arcángeles, políticos, serafines, vírgenes divorciadas “por amor”, y hasta un ejército de cupidos para “el soltero” más deseado, que dije: “Esos han de ser sus emisarios, su equipo de avanzada, y después de ellos, él”.


Mi corazón se hinchó de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, y la armadura del soldado bíblico no era nada comparada con el blindaje que el altísimo me había provisto entre tanto ayuno y oración, a tal punto que los dardos del maligno se derretían sin siquiera avanzar unos centímetros. Yo estaba listo para derrotar a Goliat, Sansón y hasta para echarme a la misma Dalila y Jezabel, y hasta la chava de los Cantares se iba a ir shuca. Tal era mi fortaleza.


El tiempo pasó, y yo listo esperándolo. El gringo me había jurado que ese día vendrían “él” por mí y que me iban a “raptar” al cielo. Yo le creí, de veras. Llegó la medianoche y no vino, enciendo la tele, otra charlatán de Guate predica sus babosadas. “A la fizga,” les dije y me fui a comer y beber, que de todos modos mañana moriré.


NOTA: ahora me entero que parece que la nave que lo transportaba tuvo un desperfecto mecánico, y el evento del fin del mundo ha sido pospuesto hasta nuevo aviso. Ahora que ayune su madre, o los “mayas” de 2012.



Ártículo publicado en el diario guatemalteco "siglo 21", el día martes 24 de mayo 2011.

lunes, 23 de mayo de 2011

Pasaditas las once






Marta Yolanda Díaz Duran



Le pidió unos instantes a Pérez Gabriel para darle sus datos a quien grababa la conversación del otro lado”
Circulaba de norte a sur sobre la quinta avenida de Guanjatan. Recién había pasado una venta de artículos para la cocina, ubicada en la doce calle, cuando se percató de la patrulla que le hacía luces para que parara. ¡Qué casualidad! Era noche cerrada a pesar de la luna casi llena y el área por el que transitaba estaba oscura, a oscuras, como el alma de aquellos que venían detrás con, seguro, oscuras intenciones. Se recordó del jefe Segura. Seguro trabajaban con él.
Ante el escenario, peligroso en todos los sentidos, decidió continuar su marcha haciendo caso omiso de las luces inquietantes que le ordenaban detenerse. Tendría que estar al borde de la locura o bajo efectos de alguna droga para hacerlo. Sabía que si lo hacía en el espacio oscuro, como las intenciones de quienes le seguían, era probable que en lugar de recibir un premio Pulitzer algún día, serían sus padres quienes recibirían su acta de defunción después de unos días de una misteriosa desaparición.



Por supuesto, los pescadores de incautos, los delincuentes uniformados, para ese momento ya hacían sonar la sirena del vehículo. Eran cada vez más insistentes en que se hiciera a un lado y se detuviera. Sin aparentemente inmutarse logró llegar al final de una larga, demasiado larga, cuadra. Respiró profundo: había suficiente luz, además de encontrarse enfrente de una cafetería donde, probablemente, además de un guardia privado podía haber una cámara que grabara lo sucedido.
Sin perder un minuto, antes de que llegaran los gendarmes tropicales, tomó su celular y llamó a los amigos que apenas hacía un rato había dejado en su casa, después de disfrutar como niños, encaramados en las sillas, en el concierto de un conocido cantante de música popular. ¡Quién le hubiera profetizado cómo iba a terminar la noche! En fin, para cuando el agente se asomó a la ventanilla de su carro, ya tenía en línea y avisado de la situación a uno de sus avispados amigos.






Después del correspondiente saludo, le pidió unos instantes a Pérez Gabriel para darle sus datos a quien grababa la conversación del otro lado. “El uniforme lo identifica como Pérez Gabriel y el número al lado izquierdo del mismo es el 14878 P. ¿Tomaste nota? Me encuentro al final de la quinta avenida, topando con la 16 calle” – “Dígame agente, ¿por qué me detiene? A mi entender no he infringido ninguna ley. No he cometido ningún delito”. Intencionalmente dejó que el patrullero viera su carné de periodista, sabiendo que podía ser un arma de doble filo.






14878 P, sin darle explicaciones ni responder a su pregunta, se llevó los papeles del carro y su licencia de conducir que a regañadientes le entregó. Quince minutos pasaron. Eternos quince minutos estuvo sin tener noticias de los policías a pesar de los reclamos que hacía. Sólo los veía discutir por el retrovisor. Finalmente, Pérez Gabriel regresó, molesto y retador. Sus gestos anunciaban una difícil conversación…



Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día lunes 23 de mayo 2011.

viernes, 20 de mayo de 2011

Dólar y “mercado negro”

No es un dios, ni un lugar.

Luis Figueroa



El mercado es lo que ocurre cuando las personas intercambian voluntariamente su propiedad. No es un dios, ni un lugar. Hay mercado cuando una persona camina por la séptima avenida con sus dólares, y habla con otra con el propósito de adquirir quetzales. Si ambos llegan y se van en paz, contento uno con los dólares que quería, y el otro con los quetzales que deseaba, ese fue un fenómeno de mercado.


¡Que mala taza hay que ser, para llamar a aquello “mercado negro”! Los políticos socialistas y sus burócratas, creen que el mercado es otra cosa. Algo en el cual se imponen precios, y requisitos y condiciones coactivas y complejas. Algo tapizado de formularios y plagado de prohibiciones. Y por eso es que les conviene que al mercado se le llame “negro”, para ensuciar y para desprestigiar.


Hay un fenómeno de mercado cuando llegas a La Villa y compras aguacates. Llegas, saludas, preguntas cuánto valen, regateas, das el dinero, te ponen los aguacates en una bolsa y te vas.


El mercado tampoco es informal y no es cierto que no haya regulaciones en él. Intenta comprar, o vender dólares falsos, en el mercado, y vas a ver cómo se te reclama el cumplimiento de formalidades y regulaciones mínimas y razonables. Lo que pasa es que en el mercado lo que la gente quiere es que seas honrado, y no que seas beato.
Los precios, como el de las monedas extranjeras, son mensajeros que les informan a los actores económicos dónde colocar sus recursos. Por eso es importante que los precios sean reales, para que los actores económicos cuenten con información verdadera y hagan su cálculo económico sin engañarse, y ¡sin ser engañados!
Si el dólar está barato, a lo mejor no te conviene vender tus dólares; y si los aguacates están caros, de repente es mejor que compres otras frutas.


Hay personas a quienes no les conviene los precios reales porque -si son muy altos, o muy bajos- estos afectan sus negocios particulares; y por eso prefieren que los políticos y sus burócratas asignen precios políticos que sirvan a sus intereses. Y como “el nene es llorón y la nana lo pellizca”, a veces los políticos sucumben a las insinuaciones y a las presiones de aquellos grupos. Y cuando eso ocurre, todos perdemos porque los recursos en la sociedad son asignados con base en información falsa.


Yo, por eso, confío en el mercado; más que en las malas artes de grupos de interés, políticos, técnicos y funcionarios en convivencia.


Artículo publicado en el diario guatemalteco "elPeriódico", el día viernes 20 de mayo de 2011.

jueves, 19 de mayo de 2011

La prohibición de las drogas


Ramón Parellada

De un tiempo para acá veo un incremento brutal de la violencia debido a la prohibición de la producción, distribución, venta y consumo de drogas. La única solución para acabar de tajo con esa violencia es la discriminalización de las mismas, así como eliminar cualquier prohibición para que cualquier actividad, desde su producción hasta su consumo sea legal, como cualquier otra actividad humana.

Ahora bien, el que abogue por la discriminalización y legalización de toda la cadena productiva y de consumo de las drogas no quiere decir que considere las drogas como algo bueno para el ser humano ni tampoco que crea que quienes cometen actos violentos como el ocurrido recientemente en Petén donde se masacró cruelmente a campesinos y trabajadores de una finca no deban ser perseguidos, atrapados y llevados a la justicia.

Sin embargo, creo que nadie tiene derecho a prohibir a ninguna otra persona lo que quiera hacer con su vida (se puede persuadir pero no prohibir). Si esa persona quiere drogarse es su propia decisión y responsabilidad, al igual que si quiere terminar con su vida bebiendo insecticida o metiéndose un tiro.

Es su problema, siempre y cuando no afecte los derechos de los demás, es decir, no lesione derechos de terceros.

Y es aquí donde radica la fortaleza ética de la liberalización, despenalización y discriminalización del consumo de drogas.

Con la prohibición y, peor aún, con la penalización del consumo, uno no puede llevar a un drogadicto a un centro de rehabilitación sino que tendría que llevarlo a la cárcel, donde en vez de ayudarlo a salir de su hábito se volvería un experto en el mismo. Otra gran hipocresía de nuestra sociedad es que no queremos ver la realidad. Siempre tendremos gente que terminará consumiendo drogas. Algunos se volverán adictos. Lo mejor que podemos hacer es ayudarlos y no empeorarles su vida, además de seguir con campañas informativas y educativas explicando el daño que puede causar el consumo de drogas.

Con la prohibición dejamos de ser éticos y empeoramos el problema, porque causamos problemas que no estaban en nuestras intenciones, como el incremento extraordinario del precio y el control de la producción, distribución y venta de drogas por gente sin escrúpulos que no titubea en eliminar a quien se le ponga enfrente de la forma más violenta posible para mandar un mensaje de terror y evitar que sigan interfiriendo en su negocio. A esto sumémosle todo el dinero que compra jueces, policías, militares y ministros por todo el mundo.

Ahora bien, de nada sirve que se libere y legalice el consumo de drogas si la cadena productiva queda sujeta a prohibiciones.

O se libera todo o no se libera nada, pero no hay justificación para la prohibición. Pareciera que no hemos aprendido del experimento que ya vivió Estados Unidos de América cuando prohibió la producción, distribución y consumo de alcohol. Qué suerte tenemos de aprender de ese experimento documentado pues, ocurría lo mismo que está ocurriendo hoy en día, créalo o no, y se acabó al eliminar la prohibición. Los crímenes entre aquellos que querían controlar el negocio eran verdaderamente crueles y sanguinarios

Este tema levanta pasiones y no es fácil de analizar, porque la mayoría estamos de acuerdo en que el consumo de drogas es muy dañino para la salud, pero además porque rechazamos la violencia que asociamos con los cárteles de la droga.

Este es un año de elecciones en Guatemala y es necesario que nos fijemos en la postura de cada uno de los candidatos en relación con el tema. ¿Cuál es la suya?

Artículo publicado en el diario guatemala "Siglo 21", el día jueves 19 de mayo 2011.

Apocalipsis económico nacional

Federico Bauer Rodríguez

Tenemos que terminar con el despilfarro y la corrupción.

En varias columnas he tratado de contrastar los principios de la economía, como una ciencia social que estudia la creación de riqueza, con la realidad de los países que tergiversan esos principios cuando implementan políticas económicas. Hay que distinguir entre “economía” como una disciplina descriptiva, que solo nos explica las relaciones de causalidad en el tema de asignación de recursos escasos, “políticas económicas”, las cuales sí son normativas, i.e., tienen fines específicos dentro de un plan socioeconómico más amplio, y “economía política”, la cual es un análisis mucho más complejo de una sociedad, que integra la economía con la sociología, la antropología y otras disciplinas relacionadas.

Podríamos decir que desde el punto de la “economía política” la sociedad persigue que todos sus miembros tengan trabajo bien remunerado, salud, educación, y previsión social, dentro de un marco de seguridad y justicia; las “políticas económicas” están encaminadas hacia conseguir los objetivos anteriores, y la “economía” nos explica por qué algunas sociedades lo han logrado y por qué otras han fracasado.

Recordemos a Latinoamérica en la década de los ochenta y contrastémosla con Brasil, Chile, Perú, Colombia, México y Panamá de este siglo. ¿Por qué el resto de Latinoamérica no tiene crecimiento económico suficiente para erradicar la pobreza?

Analicemos la crisis del Estado Benefactor en los EE.UU. y la Unión Europea; el auge de China y parcialmente Vietnam y la India; estudiemos la fuerza económica de Canadá, Australia y algunos países petroleros.

Suiza con bajísimo desempleo y sin déficit fiscal, con su moneda respaldada con oro físico, y sin problemas socioeconómicos.

Alemania como líder de la UE en exportaciones y crecimiento económico.
Todos los casos anteriores se explican en mayor o menor grado por medio del análisis de los principios económicos: derechos de propiedad, apertura de los mercados, responsabilidad fiscal y emisión de dinero sano.

Frecuentemente he traído estadísticas de los países más importantes con el fin de aprender de las experiencias, buenas y malas, de los otros países, con el fin de aplicarlas en nuestra patria y así impedir el apocalipsis económico que se nos avecina.

Mi preocupación nace con el hecho que el déficit fiscal proyectado para el 2012 llegará al 10 por ciento/PIB como consecuencia de un presupuesto irresponsable cercano al 20 por ciento/PIB. Por su lado la deuda pública, oficialmente del 25 por ciento/PIB, cuando le sumamos el compromiso del Gobierno con el IGSS y con el Banguat, más la deuda flotante, llegará al 40 por ciento/PIB y tendrá que repudiarla (default) en un futuro muy cercano.
Campañas políticas que se enfocan en la distribución de limosnas con el fin de conseguir el voto popular, hacen caso omiso del hecho que el presupuesto del año próximo es responsabilidad del actual Congreso y cuyos ingresos ya están comprometidos. ¿Cómo puede Sandra Torres ofrecer más dádivas clientelistas si actualmente ya no alcanzan los ingresos para cumplir las funciones básicas del Estado?

Ya hemos topado con el sistema anacrónico fiscal de la actualidad, y el próximo Gobierno tendrá doble tarea, por un lado una reforma fiscal seria que termine con los privilegios, y por otro lado una campaña que busque eficiencia y transparencia en la ejecución del gasto público. Tenemos que terminar con el despilfarro y con la corrupción en la ejecución presupuestaria, con el fin de evitar un apocalipsis financiero que podría empezar a mediados del 2012, sin importar quién gane la Presidencia.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día jueves 19 de mayo 2011.

Masacre


JORGE JACOBS A.

Muchas veces hemos leído, oído y visto cosas así en “otras” partes, pero no aquí. Si bien es cierto la vida diaria en Guatemala no es precisamente la de un paraíso terrenal de paz y tranquilidad, no percibíamos con toda su crudeza el verdadero infierno en que vivimos. Hasta ahora, hasta la finca “Los Cocos”. Hasta la irónica “La Libertad”. Hasta la matanza. Hasta los decapitados. Hasta la masacre.

Acostumbrados como estamos a los 17 muertos diarios por la criminalidad, tenía que ser una cifra mayor, con saña y sadismo inmensos, la que nos sacara de ese estupor. 27 muertos. 27 decapitados. 27 vidas truncadas sin razón. Una pared. Un mensaje escrito, literalmente, con sangre. Una advertencia. Una señal.

Lamentablemente, poco será lo que cambie la situación luego de los decapitados. Su muerte implicará un salto en la estadística diaria. Una recordación mayor de la que gozan los 17 de todos los días. Pero poco más. Quizá caerán algunos de los verdugos. Pero la situación seguirá de mal en peor. De los actuales gobernantes, poco podemos esperar. Desde el principio fueron claros que la seguridad no estaba entre sus prioridades. Su prioridad principal siempre fue asegurar la permanencia en el poder, para de esa manera lograr su segunda prioridad, ordeñar la vaca lechera de los tributarios exprimiéndole hasta la última gota, para pasar a mejor vida. Y el colmo de la desfachatez fue decir que si queríamos seguridad, había que pagarles más.

Pero aún si hicieran algo, lo más que lograrían sería aliviar un poco la situación —o quién sabe si empeorarla; si no, vea el caso de México—. Porque estamos en medio de una vana y absurda guerra —como si alguna no lo fuera, pero esta más— en la que, para variar, ponemos los muertos, pagamos los costos y escribimos con sangre su efímera historia.

La raíz del problema no la podemos atacar aquí, porque no está por estos lares. Hay que buscarla en algunas capitales, la de Estados Unidos, las europeas, la “del mundo” (donde están las oficinas de los organismos mundiales) en donde algunos cuantos empecinados e ignorantes “líderes” siguen montados en el macho de la “guerra contra las drogas”. Y envuelven con su discurso moralista a la masa, haciéndole creer que se preocupan por las generaciones futuras.

Lamentablemente, aunque la marea va cambiando y cada vez somos más los que alzamos la voz contra tan absurda “contienda”, todavía tendrá que correr mucha sangre antes de acabarla. Como lo dije en un artículo anterior, hasta que los decapitados no sean ciudadanos estadounidenses en territorio estadounidense, los políticos de por allá no sentirán la presión para tomar la decisión que debieron tomar hace varias décadas pero que nunca se animaron a hacerlo.

Mientras tanto, nosotros debemos seguir sufriendo las consecuencias. Y ya que es poco lo que podemos hacer por aquellos lares, debemos enfocarnos en lo que se puede hacer aquí. Y eso pasa por un cambio del sistema, no por quiénes lo dirigen. Mientras no entendamos esto, seguiremos cada cuatro años cambiando al chofer creyendo que podrá convertir nuestra carcachita en un bólido, solo para concluir unos meses después que este tampoco puede. Necesitamos cambiar el sistema, no el tripulante. Necesitamos el cambio que propone ProReforma. ¿Hasta cuándo la tendrán los diputados durmiendo el sueño de los justos?

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21" el día jueves 19 de mayo 2011.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Celebrando al hermano


Carroll Ríos de Rodríguez

Hago pública la proclama por si alguna familia quiere adherirse a la iniciativa.

Hoy comparto con ustedes una idea divertida. En vísperas del Día dela Madre, mi hijo Daniel, de 4 años recién cumplidos, empezó a indagar sobre este peculiar festejo. Estaba confundido porque en su colegio había participado en un lindo acto para las mamás, el 6 de mayo, y no entendía por qué habían cancelado clases para volver a celebrar el mismo día en otra fecha, el martes 10. Conforme avanzaba la plática con su hermana Sara, se enteró de que también existía tal cosa como un Día del Padre y un día de los abuelos. “¡Ah!”, dijo al digerir plenamente el concepto, “¡y también un día de los hermanos!” Tal ocurrencia tomó por sorpresa a Sara; ella respondió sonriente que no, no había un día de los hermanos.

Durante la cena, los demás hermanos opinaron que Daniel llevaba razón. Los países, las regiones y las organizaciones internacionales proclaman variados feriados. La ONU conmemora el día del correo, de la montaña, de la sociedad de la informática, de la lengua materna, del no tabaco, de la meteorología, de los derechos de autor y del espacio. Todos ellos son asuntos que, a juicio de nuestros hijos, resultan menos relevantes que la hermandad. Los jóvenes concluyeron que si tal día no existía, debería crearse. Y acto seguido, procedieron a establecerlo conforme a las normas sociales modernas, es decir, mediante un mensaje copiado a los hermanos usuarios de Facebook: “Hoy, el día 9 de mayo de 2011, en la capital de Guatemala, la junta de la familia Rodríguez Ríos se reunió en su casa y estableció el nuevo Día Mundial de los Hermanos. Dicha fiesta se celebrará de hoy en adelante todos los días 1 de julio”. Y firmaron el comunicado así: “Los próceres de la hermandad, de la mesa rectangular”. Hago pública la proclama por si alguna familia quiere adherirse a la iniciativa.

Ciertamente es digno de celebrar el vínculo que nos une, no sólo a los hermanos de sangre, sino a quienes comparten con nosotros una entrañable amistad, ideas, intereses y creencias religiosas. La palabra hermano se origina de la frase en latín frater germanus; germanus significa puro, genuino o auténtico. A lo largo de nuestras vidas “adoptamos” hermanos postizos que enriquecen nuestra vida. Recuerdo que una vez un obispo comentó que Dios nos hizo, no meras criaturas ni siervos, sino hijos suyos. Gracias a su plan de redención, la Pasión y Resurrección de Jesucristo, podemos vernos unos a otros como hermanos espirituales. Dicho obispo sugería inventar el término “con-filiación” para mejor describir nuestra maravillosa relación con Dios Padre e Hijo, y con la gran familia cristiana.

El tiempo traerá desavenencias y retos para nuestros hijos. Deseamos que sepan navegar el mar picado y permanecer unidos siempre. Los buenos momentos compartidos y los detalles de cariño los deben colmar emocionalmente, y ahogar cualquier dif erencia que pudiera surgir en el futuro. Por ahora, tenemos curiosidad por saber de qué forma nuestros creativos hijos se honrarán mutuamente en esta nueva y alegre tradición de familia.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día miércoles 18 de mayo 2011.

Empleo y capital humano


Verónica Spross de Rivera

Los jóvenes guatemaltecos que ingresan a la fuerza laboral están en desventaja respecto de sus vecinos, ya que mientras los guatemaltecos mayores de 25 años tienen en promedio 5 años de escolaridad, en El Salvador cuentan con los 7 años de escolaridad y en Costa Rica están alrededor de 8. Además, el nivel de aprendizaje y preparación al concluir la secundaria es deficiente en nuestro país. Solamente uno de cada 10 graduandos sale preparado para ir a la universidad.

Llama la atención el hecho de que a pesar de haber partido de un punto similar hace dos décadas, el progreso educativo en Guatemala ha sido más lento que en El Salvador. Ello permite concluir que la continuidad en las políticas y programas educativos positivos es importante. Si hubiéramos seguido las estrategias de El Salvador, que se han aplicado durante varios períodos de gobierno, nuestra población que ingresa a la fuerza laboral tendría por lo menos un año más de escolaridad.

El reciente informe presentado por el Banco Mundial desnuda nuestra realidad con bastante crudeza, mostrándonos que los avances en la cobertura de la primaria no son suficientes. El estudio nos alerta sobre la necesidad urgente de fortalecer la formación del recurso humano, capacitando a los jóvenes que pronto se integrarán a la fuerza laboral, ampliando así las oportunidades de atraer inversión y generar empleos de calidad.

Necesitamos fortalecer la educación secundaria. Indicó la expositora, señora Bashir, que una alternativa para ampliar la cobertura en ese nivel es otorgar becas a los jóvenes para ir a las escuelas privadas. Lo importante es decidir los objetivos, es decir, dónde va a estar Guatemala en diez años. Debemos plantearnos la meta de que todos los jóvenes completen los 12 años de escolaridad para el 2021. Además, es necesario fortalecer la adquisición de destrezas para el trabajo o capacitación técnica. Aunque el Intecap tiene algunos programas de formación secundaria con una especialidad técnica, sus esfuerzos se centran en los trabajadores del sector formal de la economía. El programa de estudios debe tomar en cuenta los requerimientos del sector productivo y generar capacidades como trabajo en equipo y facilidad de adaptación al cambio. Los empleos de hoy no son los mismos que se generarán en 10 años.

Además de definir los objetivos de largo y mediano plazo deben plantearse las estrategias para alcanzarlos y los recursos requeridos. El problema educativo es tan grande que no puede quedar únicamente en manos del Gobierno. Es tarea de los diversos sectores plantear cómo avanzar en los próximos años. El esfuerzo de largo plazo debe trascender gobiernos.

El fortalecimiento de la secundaria pasa por evaluar las competencias de nuestros docentes. Los requerimientos de profesionalización docente son urgentes no sólo en la primaria sino también para los profesores que imparten clases en el ciclo básico y en el diversificado. La falta de dichos requerimientos incide en la falta de calidad y de aprendizajes en el sistema educativo.

Ampliar las oportunidades reales de los jóvenes de poder obtener un empleo adecuado, sin tener que emigrar a un país más desarrollado, implica claramente la necesidad de fortalecer la educación secundaria. La mayoría de jóvenes debe inscribirse, permanecer, concluir y aprender lo necesario para un buen desempeño en su vida y en el mundo laboral. Estamos rezagados, pero la buena noticia es que, si se toman las acciones necesarias, aún se puede acelerar el ritmo de mejoría tanto en cobertura como en calidad de la educación. Lo que no se puede es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día miércoles 18 de mayo 2011.

martes, 17 de mayo de 2011

El sistema de justicia


PEDRO TRUJILLO

La decisión judicial de absolver al ex presidente Portillo y a dos de sus ministros del delito de peculado ha generado un monumental grado de crispación. No tengo argumentos suficientes para inclinarme por quienes consideran que la sentencia fue correcta, por los que presuponen una manipulación de la misma por parte de dos de las juezas o por quienes argumentan una deficiente investigación del Ministerio Público. Tampoco me preocupan las explicaciones por ahora.

Lo importante en este momento es la percepción extendida de que hay gato encerrado, independientemente de si el felino se encuentra o no enjaulado. Si a esa duda razonable unimos el video donde se ve a uno de los abogados defensores del ex presidente junto al esposo de una de la juezas, las sospechas de los que creen que efectivamente el minino está encerrado crecen considerablemente, sobre todo conociendo los entresijos de la justicia y de esa forma tan peculiar y pintoresca de funcionar, que son los mejores calificativos de los que pocos pueden dudar.

Sin embargo, el punto clave de este enredo es que el sistema judicial está pasando su última prueba de fuego. Es el privado irrepetible de cómo funciona la justicia en el país, con el agregado de que cuenta con innumerables mejoras. La fiscal general y los jueces elegidos mediante un procedimiento público —aunque cuestionado— de postulación, repetición de procesos para hacerlos más transparentes y legítimos y una Comisión Internacional contra la Impunidad que ha investigado y es acusadora en esta denuncia. Si con todo esto el caso se cae, ¡sálvese quien pueda! No habrá forma de reconducir este caballo desbocado de la justicia que lleva rumbo a un precipicio sin fondo. El caso Portillo implicó al Gobierno, fue producto de una extradición y hay otra pendiente, se presentó y acompañó por la Cicig, pone a prueba el nuevo espíritu y forma de actuar del MP y se sustenta en la fiscalización social de los juzgadores. Si aún así no es inculpado o por el contrario se fuerza la condena a quien no se lo merece, será el último suspiro de algo que lleva años agonizando.

Paralelo y amarrado a este emblemático caso surgirá el del intento de inscripción de Sandra Torres, que echará sal y pimienta a las resoluciones que los magistrados finalmente adopten en las diferentes instancias. Nunca antes la observación —nacional e internacional— había estado puesta con más ahínco y esperanza en el país y nunca antes el sistema se había sometido a una prueba combinada de tal calibre, donde MP, jueces y la Cicig necesitan convencer o convencerse. Confesé al inicio no tener criterios claros para manifestarme, ahora reconozco que tampoco sé predecir lo que ocurrirá, aunque imagino escenarios inciertos y complejos. Las decisiones judiciales no siempre deben ser de nuestro agrado ni estar hechas a nuestra conveniencia, pero sí deben ajustarse a la ley. En algunos casos la línea puede ser muy sutil, en otros, tan clara que existen fuerzas maliciosas dispuestas a crear incertidumbre. Únicamente sé que es la última oportunidad que tiene el país para dejar sentados precedentes en el sentido que corresponda y trazar un nuevo rumbo. Yo no dudo de nadie, pero comienzo a sospechar de todos. No me gusta ver a un ex presidente en prisión, pero deseo ver a los ladrones encarcelados. No quiero que a nadie se le violen sus derechos, pero tampoco que los fraudes se legitimen y aplaudan. ¡Veamos qué ocurre!

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 17 de mayo 2011.

El legado


JOSé RAúL GONZáLEZ MERLO

El gobierno va de salida. Dicen que su gran logro es la ayuda a los pobres. En mi opinión, el saldo de su gestión es negativo. A continuación sus peores legados. Soberbia. La gestión pública dejó de ser un esfuerzo nacional para convertirse en el “Gobierno de Álvaro Colom”. Un vergonzoso ejercicio de promoción político-personal. Luego de cientos de millones de quetzales, la propaganda oficial se volvió una subliminal e ilegal invitación a la reelección, con la frase “vamos por más”. Otro derroche de soberbia a costa del tributario.

Avaricia. El Gobierno se ufana de haber servido más de cinco millones de raciones en los llamados “Comedores Solidarios”. Sin embargo, los organismos internacionales advierten del peligro de otra hambruna en el llamado Corredor Seco. Esa avaricia electoral por comprar votos mediante la distribución de comida ha hecho que esta no se distribuya donde es más necesaria, sino donde es más conveniente, electoralmente hablando.

Ira. El Gobierno se dedicó a un inútil intento por reescribir la historia. Cada 20 de octubre, sus huestes más radicales borraban a personajes históricos como el ciudadano Jorge Toriello o el coronel Francisco Javier Arana. Las charlas alegóricas resaltaban temas como el “socialismo del siglo XXI”. El colmo fue el ridículo diplomático de viajar a Cuba a entregar la Orden del Quetzal a Fidel Castro, quien “no pudo” recibirla. La ira ideológica es siempre mala consejera.

Gula. El programa insignia del Gobierno, “Cohesión Social”, terminó siendo una demostración de gula política. El fin —la reelección— justificó cualquier medio legal o ilegal para convertir un programa de asistencia social en la iniciativa más onerosa de nuestra historia para promover la figura política de la primera dama.

Pereza. Los ciudadanos tuvieron que esperar tres años y cuatro ministros de Gobernación para poder comenzar a ver logros en materia de seguridad ciudadana —cortesía de la DEA—. Hubo que llegar a tener estadísticas de pavor mundial para que la pereza gubernamental le comenzara a poner atención a este tema.

Lujuria. La deuda quizás sea la herencia con la que más generaciones de guatemaltecos tendrán que lidiar. El Gobierno nos dejará un incremento en deuda pública similar al de los últimos tres gobiernos combinados. Esta orgía de endeudamiento ha sido el acto oficial más irresponsable.

Envidia. Fiel a la promesa de campaña hecha a Joviel Acevedo, el Gobierno destruyó el único programa educativo que no estaba bajo el control de esa nefasta figura, sino bajo los padres de familia. Pronade murió y con él prevaleció la envidia y el odio de clases que Joviel promueve. El futuro de millones de patojos volvió a quedar en manos de ese ponzoñoso dirigente sindical. Quizás, la peor de todas las herencias oficiales.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Prensa Libre", el día martes 17 de mayo 2011.

Cambios electorales


Estuardo Zapeta

En política, la oferta será tan miserable en cuanto más silencio guarden los demandantes del “servicio”...

En la brevedad que me permite este espacio, creo conveniente proponer una serie de cambios a la Ley que nos rige en cuanto oferta y demanda electoral. Y es que terminamos cada cuatro años quejándonos de las pobres propuestas partidocráticas, lo cual es correcto, pero no reparamos en las causas de esa pobreza. En política, la oferta será tan miserable en cuanto más silencio guarden los demandantes del “servicio”, y también está en el mejor interés de los oferentes que la demanda permanezca callada y conforme. Por eso, propongo los siguientes cambios para eliminar el monopolio de los partidos políticos y restituir una República que utiliza la democracia cada cuatro años para una decisión colectiva, pero que se rige por normas abstractas, impersonales, generales, neutras y conocidas. El objetivo estratégico es romper el monopolio partidocrático.

Primero, debe permitirse que los partidos políticos hagan campaña en todo tiempo. No se vale —y es contraproducente— que el partido en el Gobierno sí pueda hacer campaña día y noche durante cuatro años, y la oposición, u oposiciones, estén silenciadas por ley. Si algo hemos aprendido de la campaña 2011 es que los partidos “chanflean” la norma —injusta e ilegítima— y hacen campaña de otras maneras.

Para estar en una situación de “iguales” ante la norma, deberá permitirse que la campaña en general sea permanente. El más beneficiado de una normativa abierta sería el mismo “consumidor”.

Segundo, los comités cívicos deberán tener la potestad de proponer candidatos a Presidente, Vicepresidente y a diputados. Hoy, según la normativa, sólo pueden proponer candidatos a alcaldes. Es injusto e ilegítimo que existan dos “clases” de agrupaciones políticas “partidos y comités” con posibilidades diferentes.

La “calidad” de la oferta de los partidos crecería instantáneamente si los comités pudieran proponer candidatos, que en muchos casos serían más legítimos, más “locales” y hasta más fiscalizables que los propuestos por los partidos.

Tercero, deberá permitirse las “candidaturas individuales”; esto es, si algún ciudadano, llenando los requisitos mínimos y teniendo cierto número de seguidores, digamos el mismo que se requiere para formar un partido político (casi 20 mil), no veo por qué deberá ceñirse a la burocracia “narco-partidocrática”. El denominado “Bien común” no puede aplastar a un Derecho individual. En la realidad, los partidos no sueltan el monopolio porque los “partidos” son un negocio para sus fundadores.

Cuarto, deberá permitirse el voto de los migrantes, eso en cualquier sociedad que se las lleve de “civilizada” ya ni se discute. Un ciudadano guatemalteco no pierde su derecho a votar sólo por estar en otro país. Yo apoyo el voto de los emigrantes. Ellos son ciudadanos.

Quinto, los miembros del Ejército y de la PNC deberán votar. De hecho, en la mayoría de sociedades los militares y los policías votan, y esto porque el servicio que prestan no les anula de ninguna manera su Derecho a elegir, y para ser electos ya existe una normativa.

Continuará...

Artículo publicado en el diario guatemalteco "siglo 21", el día martyes 17 de mayo 2011.

lunes, 16 de mayo de 2011

Tzik de política quemada


Marta Yolanda Díaz Duran

“Una desagradable fusión de ingredientes autóctonos con tecnología importada, sobre todo la fotoshopeada”.

A sólo dos semanas de oficializada la carrera electoral iniciada hace cualquier cantidad de meses o años, el hastío que me invade ha crecido de forma exponencial. Las canciones sosas (generalmente covers de melodías populares), las arengas populistas y acomodaticias al igual que los rostros hipócritas de los contendientes en la presente campaña han contribuido particularmente al desprecio que me inspiran los políticos, en especial los guatemaltecos, y la política en general.

Sin embargo, soy consciente de la trascendencia que pueden tener en nuestras vidas las elecciones públicas que vamos a hacer el próximo 11 de septiembre de 2011. Por cierto, me alegra saber que al menos en este tema no cedieron los magistrados del Tribunal Supremo Electoral ante las supersticiones irracionales de quienes relacionaban la fecha con el atentado a las torres gemelas de Nueva York.

Más hoy que el responsable intelectual de semejante crimen es consolado en el paraíso musulmán por las once mil vírgenes que le corresponden, según sus creencias. Situación que debe agradecer a alguien cuyo apellido evoca a su nombre propio. Me refiero a Obama (responsable de la ejecución) y a Osama (el ejecutado). Una sola letra diferencia sus nombres. Tal vez la principal diferencia entre ambos.

Regresando a la política chapina, la cual se asemeja a una desagradable fusión de ingredientes autóctonos con tecnología importada, sobre todo la fotoshopeada, quiero dejar claro que no espero que cambie en los próximos meses.

Al menos, que cambie para bien de todos. Por el contrario, pienso que vamos a ser testigos de las mayores bajezas que jamás hayamos visto en varias décadas y, sin duda, durante la etapa democrática de nuestro país. Al fin, para aquellos que hemos estudiado el sistema político mencionado no es extraño que este sea su resultado a pesar de las buenas intenciones que unos pocos hayan tenido a la hora de elegirlo para Guatemala por encima del sistema republicano.

Y no se engañe, el hecho que a nuestra nación se le llame República, no quiere decir que lo sea. Todo lo contrario; ajeno a nosotros es el Estado de Derecho que fue definido por los ilustrados escoceses de fines del Siglo dieciocho y principios del diecinueve, como elemento esencial de una República.

Esa que eligieron para su pueblo los padres fundadores de Estados Unidos y que hoy los políticos del que otrora fuera ejemplo del buen gobierno han logrado transformar en una democracia en la cual prevalece la decisión arbitraria de los poderosos por encima de los derechos individuales, incluido el derecho al debido proceso.

No obstante, tengo esperanza en el futuro, porque así como pululan políticos marrulleros por todos lados, también surgen movimientos ciudadanos que quieren recuperar el poder perdido. Como escribió Thomas Paine: “Es responsabilidad del patriota proteger a su país de sus gobernantes”. Y de los usurpadores.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día lunes 16 de mayo 2011.

viernes, 13 de mayo de 2011

Ladrones de solidaridad


Karen Cancinos

Debemos efectuar una labor educativa incesante, para evitar que la gavilla gubernamental nos robe este concepto.

Es hora de empezar a hacer el recuento de los daños ocasionados por el actual gobierno. Por supuesto que la gestión del pusilánime Colom no tiene el monopolio del estropicio en nuestro país, pero si se trata de roer los jirones de institucionalidad que quedan en Guatemala, esta administración sí que se ha destacado.

Refirámonos, por ejemplo, al concepto de solidaridad, prostituido por el mandatario y sus secuaces. Hasta el desgobierno de la UNE, los eslóganes de las administraciones anteriores eran más bien inofensivos. Cursilones sí, ridículos si se quiere, pero así es el ejercicio político, sobre todo en estos rumbos iberoamericanos. ¿Recuerda el “Unidos, seguro vamos adelante” de Berger? ¿O el “Sí se puede” de Portillo, fulanito a punto de volver al ruedo politiquero en hombros de esa abominación populista denominada UCN? Del eslogan de Arzú ya no me acuerdo. “Que lo bueno siga”, o algo por el estilo. Pero el nocivo gobiernillo actual se columpió, como decimos los guatemaltecos. Eso de “Tiempos de solidaridad” colocó este concepto en la mirilla de los mediocres y lo enlodó.

Tomará años, pienso, limpiar a la solidaridad de la asociación con clientelismo, cultura de mendicidad, politiquería, corruptela y ordinariez con que Colom y su mujer embarraron una palabra que significa en su origen algo bien distinto. Porque cualquier persona decente —y con decencia no hablo de santurronería ni de refinamiento social, sino de dignidad humana— siente naturalmente adhesión, circunstancial o permanente, a causas que van más allá de su círculo familiar más estrecho. Porque cualquier persona decente se identifica con el sufrimiento de otros, precisamente porque el sufrimiento a nadie es ajeno: a todos nos visita en algún momento o periodo de la vida, de una manera u otra. Porque cualquier persona decente, en suma, es capaz de solidaridad. Y la inmensa mayoría de ciudadanos de este país somos decentes, que es tanto como decir solidarios.

Entonces, que una chusma abanderada por un par de individuos inescrupulosos, haya en los últimos tres años y medio utilizado la palabra “solidaridad” en sus embates populacheros, puede contarse como daño y como perjuicio. Hay que explicar ahora a los niños por qué es una burrada lo que leen en rótulos que dicen “Todos nuestros menús incluyen solidaridad”. Hay que analizar con los jóvenes por qué los “comedores solidarios” y los programas tipo “Vamos a la playa con solidaridad” son cualquier cosa, menos emprendimientos de solidaridad. Hay que enseñar, una y otra vez, qué es solidaridad, qué no es, y por qué nos va la convivencia pacífica en permitir que tal concepto sea abaratado y vejado considerándolo como sinónimo de enviciados proyectos politiqueros.

Hay que hacerlo, aun si encontramos un tanto fastidioso repetir continuamente esta labor educativa. Pero debemos asumirla con quienes nos rodean, pues es la única forma de evitar que la actual gavilla gubernamental nos robe hasta uno los conceptos que más valoramos: la solidaridad.

Artículo publicado en el diario guatemalteco "Siglo 21", el día viernes 13 de mayo 2011.